■ Fernando, el PAN y la soberbia
■ Ustedes los Flores…
■ Del plato a la boca…
■ La otra cara de la moneda
■ Cerqueda y el carro completo en Neza
Fernando, el PAN y la soberbia
La vinculación a proceso de uno de los tres alcaldes más visibles del PAN en el Estado de México merece una lectura menos jurídica y más civilizatoria. No hay sentencia, no hay culpables y la presunción de inocencia permanece intacta, pero el solo hecho de que un presidente municipal deba responder ante un juez por el presunto delito de abuso de autoridad constituye un poderoso mensaje cultural. Durante décadas, una parte de la derecha mexicana confundió autoridad con jerarquía, gobierno con privilegio e investidura con superioridad; alimentó una estética del poder donde el escolta, la patrulla y el aparato del Estado dejaron de ser instrumentos al servicio de los ciudadanos para convertirse en extensiones del ego de quienes se sintieron social, económica o políticamente por encima de los demás. Ese clasismo, ese racismo de modales y esa convicción de pertenecer a una categoría superior no son simples defectos de carácter, sino una forma de ejercer el poder. Por eso este caso trasciende a Fernando Flores. No hay nada que festejar hasta que exista una sentencia, pero sí mucho que valorar como sociedad: que la ley haya comenzado a recordarle al poder una verdad tan antigua como la democracia misma, que ninguna investidura convierte a un servidor público en un ciudadano superior y que el Estado deja de ser republicano cuando quienes lo administran empiezan a creer que les pertenece.
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Ustedes los Flores…
Los videos que hoy tienen a Fernando Flores vinculado a proceso muestran el desenlace, no el origen de esta historia. La irrupción del alcalde de Metepec al Club Deportivo La Asunción, acompañado de escoltas armados, ocurrió en medio del enfrentamiento entre integrantes de la propia familia Flores por el control administrativo y patrimonial del club. Quienes ese día aparecieron como agresores y agredidos pertenecen al mismo núcleo familiar que hoy disputa ese patrimonio. Pero el conflicto tiene una capa anterior que tampoco debería perderse de vista: socios desplazados llevan meses denunciando públicamente que fueron excluidos mediante maniobras destinadas, según sostienen, a concentrar los activos del club en manos de la familia Flores. Esa acusación deberá resolverse por las vías legales correspondientes, como también el proceso penal por presunto abuso de autoridad que enfrenta el alcalde. Lo paradójico es que el patrimonio que, de acuerdo con esas denuncias, antes habría provocado la exclusión de terceros, hoy divide a quienes terminaron controlándolo. La justicia tendrá la última palabra, pero la historia sólo estará completa cuando también se esclarezca el origen de un conflicto donde el poder, la familia y el dinero terminaron mezclándose de la peor manera.
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Del plato a la boca…
La prudencia sigue siendo la mejor consejera. La vinculación a proceso de Fernando Flores constituye un hecho jurídico relevante, pero todavía está lejos de convertirse en una sentencia. El antecedente inmediato lo ofrece el exalcalde priista de Toluca, Raymundo Martínez, quien se separó del cargo y continúa enfrentando su proceso en libertad. Cada expediente tiene sus propias particularidades, pero ambos recuerdan que el camino entre una imputación y un fallo definitivo puede ser largo e impredecible. Fernando Flores ha dejado claro que no renunciará y, hasta ahora, tampoco existe una presión política de su partido ni un reclamo social suficientemente fuerte para obligarlo a hacerlo. La única discusión pendiente es la ética. Permanecer en el cargo mientras enfrenta un proceso penal puede ser legal; otra cosa es el mensaje que esa decisión envía sobre la responsabilidad pública. La ley resolverá el expediente; la historia política terminará juzgando la congruencia.
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La otra cara de la moneda
La política acostumbra dictar sentencias antes que los jueces, y esa precipitación suele terminar mal. La decisión de una jueza federal de no vincular a proceso a Lino Rodríguez González modifica, por ahora, el tablero político construido alrededor de su detención. Gana Lino, quien durante días fue presentado por muchos como culpable antes de que existiera una resolución judicial; pero también gana Horacio Duarte, blanco de una ofensiva política que pretendía convertir la investigación contra uno de sus colaboradores en un juicio contra toda la Secretaría General de Gobierno. La pregunta ahora es inevitable: si un juez determinó que no existen elementos para vincularlo a proceso, ¿el gobierno lo reinstalará en sus funciones? Quienes apostaron por convertir una investigación en condena anticipada, particularmente los adversarios que vieron en este caso una oportunidad para golpear políticamente a Horacio Duarte, tendrán ahora que explicar por qué confundieron una investigación con una culpabilidad. Los tribunales hablan con expedientes; la política, demasiadas veces, sólo con prejuicios.
Cerqueda y el carro completo en Neza
En política, quedarse inmóvil también es una forma de perder. Todo apunta a que Adolfo Cerqueda no concluirá el segundo periodo para el que fue electo al frente del Ayuntamiento de Nezahualcóyotl. La ruta que hoy se perfila pasa por solicitar licencia para competir en el proceso interno de Morena por una candidatura de elección popular, con la diputación local o la federal como escenarios más probables, aunque tampoco debe descartarse una eventual incorporación al gobierno estatal. Su futuro político comienza a definirse al mismo tiempo que el de Nezahualcóyotl. Morena no sólo parte como favorito para conservar la alcaldía, sino que también tiene amplias posibilidades de obtener las cinco diputaciones que corresponden al municipio y completar el llamado carro completo. Si ese escenario se confirma, Neza volverá a convertirse en uno de los principales bastiones electorales del movimiento y en una pieza estratégica rumbo a la elección de 2027.


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