Fracturas internas

El conflicto político es una parte intrínseca de los procesos electorales y de la democracia en su conjunto. En la manera de resolverlos está la forma en como podría calificarse a su sistema político; entre autoritario o democrático. Las elecciones sirven justo para magnificar ese conflicto y resolverlo por la vía pacífica desde hace muchas décadas. No por nada el genio alemán de las estrategias militares, el general Carl Von Clausewitz, en los albores de la Segunda Guerra Mundial acuñó la siguiente expresión: “la política es la guerra llevada por medios pacíficos”. Así, cuando hay elecciones los conflictos enraizados emergen
abril 29, 2018

El conflicto político es una parte intrínseca de los procesos electorales y de la democracia en su conjunto. En la manera de resolverlos está la forma en como podría calificarse a su sistema político; entre autoritario o democrático. Las elecciones sirven justo para magnificar ese conflicto y resolverlo por la vía pacífica desde hace muchas décadas. No por nada el genio alemán de las estrategias militares, el general Carl Von Clausewitz, en los albores de la Segunda Guerra Mundial acuñó la siguiente expresión: “la política es la guerra llevada por medios pacíficos”. Así, cuando hay elecciones los conflictos enraizados emergen y se magnifican. En nuestro caso, ademas, exhiben el grado de cultura política que se manifiesta en un lenguaje violento e intolerante en las redes sociales.

La expresión de los conflictos políticos es diversa, pero ninguna tan pasional y polémica como la constante muda de plumaje ideológico que la ciencia política, incluso, le dio una definición: transfugismo, que no es otra cosa que el cambio de un político de partido político en pleno proceso electoral, sea en búsqueda de un espacio de representación o apoyando a sus anteriores adversarios. Es de sabios cambiar de opinión, replica la conseja popular. Pero en un sistema caracterizado por el autoritarismo y dirección vertical de los partidos políticos, esas conductas, con frecuencia, provocan fracturas muy profundas.

En las elecciones de 2018 se rompieron definitivamente los límites tenues de la formación  ideológica en los partidos políticos y encontramos lo mismo coaliciones impensables, hasta hace muy poco tiempo, como divorcios dolorosos entre quienes fueron “pareja” por largo tiempo. La forma en que se resuelven esos dilemas califica el grado de tolerancia y respeto al disenso que alimenta al sistema democrático. Las últimas reformas electorales previeron dicho fenómeno e impiden que alguien que compite en las elecciones internas en una formación sea postulado por otra formación partidaria en el mismo proceso. La prohibición también alcanza a los independientes, que deben registrase antes del inicio de los procesos internos de los partidos políticos. Sin embargo, mientras en  las democracias occidentales más consolidadas estos fenómenos son tolerados en la más amplia gama de los derechos políticos, en Mexico, en cambio, dichas conductas son consideradas como una acción  traicionera.

En el Estado de México, durante estas elecciones locales habrá un auténtico” tuti-fruti” en la postulación de panistas por Morena, priistas por el PVEM o NA, o las desideologizadas coaliciones PAN-PRD y Morena-PES. Pero en ningún caso hay tanto dramatismo como en el PRI, que intenta impedir la desbandada de su partido nada menos que con sus aliados durante los últimos 10 años. En la lógica de PRI se vale postular a sus militantes dentro de las filas de sus aliados, pero sólo si tienen permiso de su dirigencia, se vale usar el membrete ajeno, pero sólo si tiene beneficios para quien decide, nunca porque el mudarse provenga del maltrato interno que de inexistente democracia interna. La crisis en las filas del PRI lo ha llevado a una acción vengativa que reduce el peso de una institución tan fuerte al ejercicio autoritario y pendenciero de quienes, volviendo a la lectura clásica de Robert Michels, han convertido a los partidos políticos en oligarquías que con frecuencia confunden los conflictos institucionales con problemas personales. Para un partido que está en serios problemas electorales es doblemente censurable que la misma elección trate bien a sus aliados en el ámbito federal y sufran de violencia doméstica en el plano local. Sus razones tendrán y las explicaciones brillan por su ausencia porque se intuyen; los dirigentes se sienten dueños del derecho de postulación de candidatos. No, no es un derecho político (como lo dice la ley) sino el ejercicio del antiguo derecho divino de heredar el poder al preferido en turno. Ah, porque eso de votar en elecciones internas “provoca divisiones internas”. Para quien no acepta otra visión que la de administrar un partido como quien administra un rancho, seguro que su decisión es lo “más sano” para “su partido”.

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