13: 14 horas: Cuando las diferencias no importan
Desde 19 de septiembre, el país no es el mismo. El movimiento desde las entrañas derrumbó edificios, nos arrebató vida y dejó hondas grietas en el corazón. 13:14 será la hora no olvidada, el recuerdo de la tragedia, pero también de la solidaridad. 13:14 horas: El momento en que México cambió.
En menos de dos semanas el país fue sacudido, primero en Oaxaca, Chiapas y Guerrero. Luego en la Ciudad de México, Morelos, Puebla, Tlaxcala, Estado de México, Hidalgo y Michoacán. Decenas de personas perecieron bajo el alud de varillas y concreto que se les vinieron abajo en sus casas, lugares de trabajo o escuelas. Cientos han quedado a la deriva por haberlo perdido todo, pero miles de mexicanos y mexicanas han salido a las calles para donar víveres, levantar escombros y ayudar en las labores de rescate con el único objetivo de salvar vidas.
32 años después del terremoto de 1985 parecía que en México habíamos olvidado la lección que dejó el desastre, la de la solidaridad y la empatía, pero no es así. Las diferencias que nos contraponen día con día, ya sea por el color de piel, el sexo, la edad, la etnia, la posición socioeconómica, la orientación sexual, la identidad de género, la discapacidad o el nivel de estudios, hoy se han diluido, pues poco importan, tal y como deberían hacerlo siempre.
El 19 de septiembre nos ha dejado entre el vaivén de emociones, desde el miedo que eriza la piel, hasta el impotencia, el dolor, la empatía y la resiliencia. Entre el olor a muerte, hemos descubierto el amor a México. Ése que se olvida por los actos de corrupción, los feminicidios, los crímenes contra la población LGBTI, la violencia, la pobreza, el cinismo de las autoridades, la discriminación o las marchas de odio.
Hoy somos Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Ciudad de México, Morelos, Puebla, Tlaxcala, Estado de México, Hidalgo y Michoacán. Hoy somos personas y nada más. Ojalá lo sigamos siendo de aquí en adelante. Estamos de luto, pero las razones para seguir luchando son infinitas. El amor es amor y en ello radica la lección más grande lección que las 13.14 horas nos dejó. Hoy somos México.
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