En el Estado de México, el poder no siempre se anuncia. A veces se administra. En otras, simplemente se sostiene. Ese es el caso de Juan Carlos González Romero, secretario de Desarrollo Social del Gobierno de Delfina Gómez, una de las posiciones más estratégicas —y menos comprendidas— del gabinete estatal.
Este Expediente Edomex analiza su perfil, resultados, redes de poder y, sobre todo, la pregunta que recorre al sistema político mexiquense: ¿es solo un funcionario eficaz o un aspirante silencioso a la gubernatura?
¿Por qué Desarrollo Social es clave en el Edomex?

La Secretaría de Desarrollo Social no es una dependencia menor. En el Edomex representa:
- Control territorial indirecto,
- Gobernabilidad cotidiana,
- Contacto permanente con millones de hogares,
- Gestión de la pobreza como variable política.
Históricamente, quien encabeza esta Secretaría incide en la estabilidad social, incluso sin protagonismo mediático. No es un cargo para lucimiento. Es un cargo para resistir.
Perfil de Juan Carlos González Romero: gestor antes que político tradicional
A diferencia de otros perfiles del morenismo mexiquense, González Romero no responde al modelo clásico del aspirante electoral:
- No construye narrativa épica,
- No polariza,
- No compite por reflectores.
Su fortaleza está en la gestión administrativa y en la ejecución sin sobresaltos. Es un perfil técnico-político, funcional al gobierno, pero ambiguo para una contienda interna abierta.
En términos simples: sabe gobernar, no seducir multitudes.
Resultados en Desarrollo Social: estabilidad sin escándalos
En una Secretaría históricamente asociada al clientelismo y al conflicto, su gestión se ha caracterizado por:
- Continuidad operativa,
- Control institucional de programas sociales,
- Padrones sin crisis visibles,
- Ausencia de escándalos mayores.
No se trata de una transformación radical, sino de algo menos común en el Edomex: normalidad funcional. Y, en política, la normalidad también genera poder.
¿Juan Carlos González Romero aspira a la gubernatura del Edomex?

Esta es la pregunta central. Y la respuesta, por ahora, es incómoda para ambos extremos.
Un aspirante real suele mostrar señales claras:
- Construcción de redes políticas,
- Circulación de su nombre,
- Relato propio de futuro.
En este caso, esas señales no están activadas. No hay operación sucesoria visible, ni alcaldes promoviendo su figura, ni discurso político más allá de su encargo institucional.
Eso no lo descarta. Lo define como funcionario disponible, no como aspirante activo.
Redes de poder: aliados institucionales, no facciones propias
El principal respaldo de González Romero es el Ejecutivo estatal. No encabeza corrientes internas ni controla bloques legislativos. Tampoco se le identifica una red empresarial o financiera propia.
Su relación con alcaldes es funcional:
- Coordinación
- Resolución de conflictos sociales
- Ejecución de programas
No es una red de lealtad política, sino de confianza administrativa. Eso reduce riesgos, pero también limita músculo propio.
¿Puede crecer como candidato a gobernador?
Su viabilidad política depende menos de su ambición personal y más del escenario que Morena decida construir:
- Escenario de continuidad, orden y bajo conflicto: su perfil encaja;
- Escenario de épica, polarización y guerra interna: su perfil se debilita.
No es un candidato natural de contienda abierta. Sí podría ser un candidato de consenso, si el centro lo decide.
Análisis final: el poder que no hace ruido
Juan Carlos González Romero no juega hoy a ser candidato. Juega a no equivocarse.
Eso puede ser prudencia estratégica… o el límite de su proyección.
Subestimarlo sería un error. Inflarlo, también.
En el Edomex, algunas carreras no se ganan corriendo, sino esperando el momento exacto. Y, cuando el tablero se redefine, las piezas silenciosas a veces avanzan de golpe.
Expediente Edomex queda abierto. Porque, aquí, el poder no siempre avisa cuando empieza a moverse.

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