El mensaje de Horacio Duarte en Valle de Chalco funciona como un movimiento doble: reafirmación interna y blindaje político. No solo respalda a Delfina Gómez, busca cerrar cualquier resquicio de disputa en la arquitectura del poder morenista mexiquense. Lo que dice —y lo que sugiere— apunta a ordenar la narrativa de liderazgo antes de que avance la temporada electoral.
Un discurso para disciplinar al movimiento
Duarte enmarca a Delfina Gómez como “única dirigente”, una frase que intenta congelar la conversación sobre otros liderazgos emergentes en el Estado de México. Calificar el resto como “politiquería” no solo descalifica tensiones: dibuja una frontera entre “movimiento” y “ambiciones personales”, un gesto típico de Morena cuando necesita unificar cuadros.
“En este movimiento de la Cuarta Transformación se tiene rumbo, se tiene liderazgo y en el Estado de México la única dirigente de nuestro movimiento es la maestra Delfina Gómez Álvarez”.

Construcción del enemigo: la oposición como amenaza moral
El funcionario recurre a uno de los ejes clásicos del obradorismo: la oposición como fuerza que “no aguanta” la expansión de derechos sociales. Más que responder argumentos, Duarte construye un antagonismo moral —los que apoyan al pueblo vs. quienes buscan frenarlo— que da consistencia emocional a su mensaje.
“Atacan a nuestro movimiento y atacan a la presidenta porque no aguantan que hoy los programas sociales estén en la Constitución, porque no aguantan que millones de jóvenes y niños tengan hoy una beca, porque no aguantan que millones de mujeres tienen un apoyo para salir adelante, porque no aguantan que millones de jóvenes salgan adelante con programas como Jóvenes Construyendo el Futuro”, sentenció.

Identidad 4T como cohesión: programas sociales en la Constitución
El listado de becas, apoyos y programas no es casual. Funciona como mecanismo identitario: defender a Sheinbaum es defender la red de beneficios sociales. El discurso se desplaza de la política cotidiana a la supervivencia colectiva del proyecto.
Valle de Chalco como escenario simbólico
No es un detalle menor. Valle de Chalco es un bastión histórico del obradorismo popular. Allí, Duarte invoca al “Pueblo que sabe defender sus derechos”, activando la identidad comunitaria que Morena usa como sustento moral para fortalecer a sus dirigentes.
“Pero en el Estado de México, aquí en Valle de Chalco, hay un pueblo que sabe defender sus derechos y así vamos a defender a la presidenta de México, a la doctora Claudia Sheinbam Pardo”, sentenció.

Un cierre combativo
El llamado a defender a Sheinbaum no es decorativo: es preventivo. Fija la línea de acción para la militancia en un año donde las tensiones con la oposición —y dentro del propio movimiento— crecerán. Duarte no solo describe el rumbo, marca la disciplina que espera del aparato político en el Edomex.

