Eruviel será diputado en la próxima Legislatura federal. Ese acuerdo político incentivó su renuncia al PRI y su apoyo a la candidatura presidencial de Claudia Sheinbaum. Entrará en la lista de representación proporcional del Partido Verde, no en la de Morena. Lo que se diga en sentido contrario es paja.
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El capital electoral del hoy senador y exgobernador puede calcularse entre 2 y 4 por ciento, nada despreciable. Más importante aún es su influencia en regiones específicas que podrían representar un par de curules extras para el Plan de la 4T. A los puristas podrá no gustar la llegada de Eruviel, pero los pragmáticos están felices, él también. En el PRI, su ciclo había terminado.
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El montielismo 2.0 controla hoy a la burocracia priista mexiquense. Ana Lilia Herrera, Miguel Sámano y Arturo Osornio lo rubrican. Los tres son hechura del exgobernador, considerado como el último líder del PRI y uno de los operadores electorales más eficaces. Montiel formó la última generación ganadora de la clase política mexiquense, aquella que logró hacerse de la presidencia de la república y que ahora tratará de reconstruir al arruinado PRI.
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Si 2023 fue un gran año para Delfina, 2024 podría serle mejor. Todo depende de que su aliada Claudia Sheinbaum gane la presidencia de la república. Le iría muy bien a la gobernadora, pero también al Estado de México. El éxito total, el escenario inmejorable, sería que la 4T gane la mayoría calificada en el Congreso de la Unión, que el Plan C prospere, porque es allí donde se distribuye el presupuesto y 8 de cada 10 pesos que se gastan en el Estado de México provienen de la federación. «Requetebien» el 23…, «requeterebien» el 24.
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En el Estado de México hay gobernabilidad. Horacio Duarte lo ha hecho bien, aunque a muchos les duela. Hay quienes apostaban o apuestan a su fracaso. Normal, siempre al que atacan es al más fuerte. El secretario general de Gobierno ha cometido errores, como rodearse de indeseables o improvisados, pero sus resultados son obvios. De quien debe cuidarse Horacio es de él mismo, que la soberbia no le gane.

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