En esa enorme mancha urbana que tiene como centro a la Ciudad de México, en esa megalópolis, hace una escasa semana nos dieron una noticia. Se restringe la circulación de los vehículos automotores, especialmente los vehículos particulares, con antigüedad superior a quince años. Dicen las autoridades medioambientales de las entidades involucradas que el conocido programa de verificación vehicular se aplicará de manera obligatoria en la megalópolis, que vigilarán su estricto cumplimiento y que coordinarán acciones para combatir contundentemente la corrupción en los centros de verificación. Debo admitir mi sorpresa cuando escuché estas declaraciones. Fortalecen un programa que tiene más de 20 años y que había comenzado a cuestionarse su efectividad. ¿Cuál es el objetivo disminuir el tráfico o la contaminación o ambos?
En la segunda década del siglo XXI los habitantes de la megalópolis y quienes estamos cerca y solemos trasladarnos constantemente a algún punto de esa región, empezamos a preguntar desde hace mucho: cuándo entenderán las autoridades gubernamentales que para disminuir el uso del vehículo particular los habitantes de la megalópolis y sus alrededores, como los habitantes del Valle de Toluca, necesitamos, y exigimos, un SISTEMA DE TRANSPORTE PÚBLICO. Escribo en mayúsculas porque quiero hacer sobresalir lo que implica la palabra SISTEMA: orden, conexión lógica entre los elementos, interacción e interdependencia entre los elementos, una red cuyos componentes se retroalimentan y que puede estar formado por múltiples sistemas que en su interrelación tienen un objetivo común.
¿Qué pasa con el transporte público? No podemos seguir con ocurrencias que parecieran tener como objetivo hacer creer que se trabaja para atender el grave problema de movilidad: tren rápido entre algunas ciudades y uso de la bicicleta (como moda de entretenimiento) en otras. El metrobús en la Ciudad de México es un buen ejemplo de lo que debería hacerse. El 64% de los automovilistas que en esa ciudad están dispuestos a dejar su auto tienen como opción el metrobús. No en todas nuestras ciudades existen los elementos para que funcione el sistema de transporte articulado como el metrobús. Eso sí, los habitantes de todas las ciudades del país tenemos derecho a la movilidad ordenada.
Ahora que endurecen la restricción de circulación de vehículos particulares en la megalópolis, instalados en el paradigma de los 90 del siglo XX, ¿van a ampliar ese programa a otras ciudades? Y si lo hacen, ¿cuáles son las alternativas de movilidad para quienes debamos dejar el automóvil en casa? ¿Cuáles son las opciones para movilizarnos en la megalópolis cuando vamos hacia allá? ¿Cómo encaja hoy no circula en un viso de solución integral en la movilidad de los habitantes de nuestras ciudades?
El asunto de la corrupción en el programa de verificación vehicular da para una reflexión más amplia. Para abrir boca, les invito a contar, durante la semana que inicia, cuántos vehículos (particulares, de carga, de transporte de pasajeros, repartidores de todas las mercancías) vemos pasar por la calle con generosas y evidentes descargas de humo. Haré mi cuenta y les hablo sobre ese tema en la próxima.
@10aRegiduriaTol


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