La política educativa impuesta en el país no deja de sorprender, la improvisación es una constante en las actuaciones de los administradores de las instituciones públicas que ejercen el presupuesto destinado a educación.
Declaraciones recientes de diferentes actores así lo constatan, a manera de ejemplo lo referente a las evaluaciones aplicadas a los alumnos; antes de la llegada de la administración federal por concluir se aplicaban las pruebas llamadas Exámenes Nacionales del Logro Académico en Centros Escolares (ENLACE) a cargo de la Secretaría de Educación (SEP), Exámenes de la Calidad y el Logro Educativo (EXCALE) bajo la responsabilidad del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (sin personalidad jurídica propia en ese momento) y la evaluación internacional Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA).
EXCALE desapareció y ENLACE fue sustituido por el Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (PLANEA) ─oficialmente se dice que ambos exámenes se integraron a este último─, inicialmente aplicada a todos los alumnos de sexto grado de primaria y tercero de secundaria, sufriendo un retroceso en la aplicación más reciente al determinar únicamente una muestra “representativa” y no contar ya con aplicadores capacitados por la SEP, dejando dicha responsabilidad a los profesores de las escuelas seleccionadas.
Este año sigue el retroceso, de manera improvisada la evaluación se está suspendiendo, los argumentos se fundan en la violencia del crimen organizado, lo que ha generado altos grados de inseguridad que han provocado el cierre de escuelas y la ausencia de los estudiantes de las instituciones seleccionadas, a decir de Sylvia Schmelkes del Valle.
Agrega a los impedimentos las tormentas tropicales y los huracanes, que motivó la suspensión de la evaluación en escuelas primarias programadas el 7 y 8 de junio, esperando ocurra lo mismo el 14 y 15 de este mes, días programados para su aplicación en secundarias.
Cabe señalar que en las suspensiones de la semana pasada, al respecto algunos profesores mencionaron que el tiempo fue bueno, ni amenazas de lluvia, ni de ninguna otra naturaleza que sustentaran la suspensión, sobre todo cuando ya estaban organizados para la aplicación y de manera sorpresiva recibieron el aviso de que sus estudiantes ya no serían evaluados.
Otro programa con una tendencia similar de improvisación son las escuelas de verano, que ocuparan dos semanas del calendario de 200 días, del que se destinarán 10 días hábiles a actividades lúdicas, que impartirán los docentes titulares de los grupos que concluyen el ciclo escolar, sin contratar la SEP a personal especializado en la materia y sin ninguna erogación extra para involucrar a los padres de familia y a los alumnos en las actividades programadas, que han resultado atractivas para la comunidad escolar.
Quizá por estas determinaciones, se afirme que la educación en México ya “no sirve para superar las brechas de clase, sino para consolidarlas y endurecerlas” como afirmó en días recientes el rector de la Universidad Iberoamericana.
Es necesario hacer notar que la suspensión y la falta de financiamiento, la responsabilidad es única y exclusivamente de la autoridad, el maestro nada tiene que ver en concluir el ciclo escolar dos semanas antes de lo programado y no cumplir con el calendario escolar de 200 días, para no confundir más a la opinión pública en perjuicio de los maestros.


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