Aumenta 14% el ingreso familiar en Edomex con la 4T

Durante el sexenio de López Obrador, el ingreso familiar promedio mensual en Edomex subió de $21,612 a $24,720. Con Peña Nieto, cayó 3.5% en términos reales
agosto 6, 2025

En los seis años que transcurrieron entre 2018 y 2024, el ingreso promedio de los hogares en el Estado de México (Edomex) creció 14.4% en términos reales, al pasar de 21,612 pesos mensuales a 24,720, de acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) publicada por el INEGI.

Esta mejora se da en un contexto marcado por un viraje en la política social iniciado en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y continuado ahora por Claudia Sheinbaum, en contraste con los gobiernos neoliberales anteriores, donde la expansión del ingreso estuvo más vinculada al empleo formal y menos al gasto público directo.

Pese al aumento generalizado de ingresos en todos los deciles —grupos de la población divididos por nivel de ingresos, del I (más bajo) al X (más alto)— la desigualdad persiste. En el Estado de México, el decil X percibe ingresos 11 veces superiores al decil I. Aunque esta brecha es menor a la de 2016, evidencia una estructura de distribución que aún favorece a los sectores más altos.

¿Qué explica la mejora en ingresos?

En 2024, el ingreso corriente promedio mensual en el país fue de 25,955 pesos, el más alto registrado por la ENIGH. La fuente principal sigue siendo el ingreso por trabajo, con una participación del 65.6%. En el caso mexiquense, esta proporción baja a 49.1% en los hogares más pobres, donde el peso relativo de las transferencias gubernamentales es mayor. Para los hogares del decil I, estas transferencias representaron el 26.7% del ingreso total.

Este diseño apunta a una política social de alcance universal, especialmente tras la consolidación de programas como la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores. Sin embargo, los datos muestran una paradoja: mientras que la cobertura de programas sociales en los deciles bajos disminuyó desde 2016, aumentó en los hogares de mayores ingresos. En el decil X, el porcentaje de hogares que recibió transferencias pasó de 9% en 2018 a 27% en 2024. Es decir, la política social se ha vuelto menos focalizada y más homogénea.

¿Qué es un decil y por qué importa?

Los deciles son una forma de clasificar a la población en 10 grupos iguales según su nivel de ingresos. El decil I incluye al 10% con menor ingreso y el decil X al 10% con más. Esta herramienta permite observar la distribución del ingreso, detectar brechas de desigualdad y diseñar políticas diferenciadas por nivel socioeconómico.

En el Estado de México, en el 2018, los hogares del decil I registran un ingreso promedio trimestral de 12,469 pesos —unos 4,156 pesos al mes—, mientras que los del decil X alcanzan 141,324 pesos trimestrales —casi 47,000 pesos mensuales—. Esta diferencia de más de 40,000 pesos mensuales entre extremos retrata la distancia que separa la vida cotidiana de la mayoría frente a una élite económica con ingresos muy superiores.

Género, trabajo y brechas estructurales

La ENIGH 2024 también revela que las mujeres siguen ganando menos que los hombres. A nivel nacional, por cada 100 pesos que perciben los varones, ellas obtienen solo 65.8. Esta brecha —de 34.2%— se mantiene prácticamente inalterada desde 2020. En los grupos de mayor edad, menor escolaridad o con más hijos, la disparidad es aún mayor.

Por ejemplo, en mujeres mayores de 60 años, el ingreso promedio mensual equivale a solo 55.5 pesos por cada 100 de los hombres. Entre quienes tienen cuatro hijos o más, la brecha alcanza 54.1%. A pesar de las mejoras generales en el ingreso, las desigualdades de género siguen siendo un obstáculo estructural para el bienestar.

Gasto en salud y alimentos: la otra cara del ingreso

El aumento del ingreso no ha ido acompañado de una reducción proporcional en los gastos esenciales. En 2024, el gasto en salud aumentó 8% respecto a 2022, y el decil I fue el más afectado: destinó 3.9% de su ingreso a salud, frente a un promedio nacional de 2.1%. Esto refleja la carga financiera que implica la atención médica para los hogares más pobres, a pesar del discurso de gratuidad en el sistema público.

En el caso del gasto en alimentos, las diferencias son más pronunciadas. En el Estado de México, este rubro representa 42.7% del gasto total de los hogares, una proporción superior al promedio nacional y sólo comparable con estados del sureste como Chiapas o Guerrero. En los hogares del decil I, más del 50% del ingreso se destina a alimentación, lo que reduce el margen para educación, esparcimiento o ahorro.

El caso mexiquense: entre crecimiento y desigualdad

Entre 2018 y 2024, el ingreso promedio mensual de los hogares mexiquenses pasó de 21,612 a 24,720 pesos. Este aumento real coincide con la tendencia nacional y refleja los efectos de una política social más activa. Sin embargo, el contraste entre zonas urbanas y rurales sigue marcando la distribución de la riqueza.

En 2018, los hogares urbanos del Estado de México tenían un ingreso trimestral de 50,079 pesos, mientras que los rurales apenas alcanzaban 34,659, una diferencia de 15,420 pesos. Aunque estas cifras mejoraron en términos absolutos, la brecha persiste. El acceso desigual a oportunidades laborales, infraestructura y servicios públicos sigue condicionando la movilidad social.

La tensión entre universalidad y progresividad

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio de México, ¿cómo vamos? sobre la ENIGH 2024 es la creciente homogeneización del gasto social. Las transferencias gubernamentales han crecido tanto en los hogares pobres como en los ricos, con especial expansión en estos últimos.

En los sexenios neoliberales, las transferencias eran focalizadas: llegaban más a quienes más lo necesitaban. En contraste, los gobiernos de AMLO y Sheinbaum han impulsado programas universales que, si bien garantizan derechos, pueden diluir el impacto redistributivo si no se acompañan de mecanismos de corrección progresiva.

¿Y ahora qué?

La ENIGH 2024 es solo una fotografía del momento. A partir de estos datos, el INEGI publicará en agosto la nueva medición de pobreza multidimensional. Será entonces cuando se conozca si el aumento en los ingresos se tradujo en una reducción efectiva de las carencias sociales como salud, seguridad social, vivienda o alimentación.

El reto es claro: mejorar el ingreso sin perder de vista la equidad. El Estado de México, con más de 18 millones de habitantes, sigue siendo un laboratorio clave para observar si el modelo económico que prometía “primero los pobres” ha cumplido su cometido o si, en el camino, se ha diluido su vocación redistributiva.

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