Guarden esa foto

Una imagen cuidadosamente construida exhibe algo más que un evento oficial: territorialidad, alineamientos internos y señales rumbo a la sucesión en Morena.
mayo 8, 2026
  • Poder en escena
  • Violencia sin límite
  • El voto como contradicción
  • Un sur que no existe
  • La memoria que castiga

Guarden esa foto

En política, las candidaturas no se anuncian: se acomodan. Y a veces, se alcanzan a ver en fila. La gobernadora al centro, el operador político a un lado, el responsable del programa al otro y el alcalde anfitrión cerrando el cuadro. No es una coincidencia, es una coreografía. La entrega de tarjetas es el pretexto; el mensaje es otro: control territorial, cohesión interna y visibilidad compartida. En ese tipo de imágenes no solo se administra el presente, se ensaya el futuro. Y sí, entre sonrisas bien medidas y posiciones calculadas, podría estarse acomodando —sin decirlo— una candidatura de Morena rumbo a 2029.

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La casa como último límite roto

No sabemos aún qué motivó el asalto en Otumba. No hay elementos para construir una causa. Pero el hecho en sí es suficiente para exhibir algo más hondo: la normalización de la violencia extrema en el ámbito más íntimo, el hogar. Hombres armados irrumpen, someten y asesinan a una mujer, madre de un excandidato de Morena a la alcaldía de Otumba, un municipio del nororiente del Estado de México, de perfil semi rural y tejido comunitario tradicional. Esa secuencia, que debería ser excepcional, se vuelve cada vez más frecuente y, por lo mismo, más tolerada. No es solo un problema de seguridad; es un síntoma de una sociedad que ha ido perdiendo límites, donde la vida del otro se devalúa y la violencia se vuelve recurso cotidiano. Es el síntoma de una sociedad enferma.

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El contrasentido de la derecha

Hoy, más que nunca, votar por la derecha en el Estado de México —llámese PAN o MC— es un contrasentido. No por inercia ideológica, sino por una realidad social que ha empujado a la entidad hacia el colectivismo, el Estado de bienestar, el progresismo y la ampliación de libertades. En un territorio marcado por desigualdades profundas, el voto se ha ido alineando con proyectos que ofrecen protección, derechos y presencia estatal. Frente a eso, la derecha ha decidido exhibirse en sentido opuesto: homenajes a Hernán Cortés, cercanía con poderes económicos como Salinas Pliego, entusiasmo por liderazgos estridentes del extranjero y la importación de figuras que poco entienden —o poco les interesa— la realidad mexicana. Ese repertorio no solo es ajeno: es contradictorio con lo que la sociedad mexiquense ha venido construyendo. Aquí no se vota por nostalgia ni por espectáculo ideológico; se vota por bienestar, por libertad material y por futuro. Y en ese terreno, hoy, la derecha simplemente no cabe.

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Tierra Caliente, el territorio olvidado

Hay señales que definen más que mil discursos. Una de ellas es esta: en el sur del Estado de México, en la llamada Tierra Caliente, una empresa global como DHL decidió suspender operaciones por considerarla zona de alto riesgo. No es un dato menor. Es la constatación de que hay territorios donde el mercado no entra porque el Estado no garantiza condiciones mínimas. Municipios como Tejupilco, Luvianos o Tlatlaya no solo arrastran rezagos históricos; hoy enfrentan un aislamiento logístico que profundiza su marginación. Para recibir un paquete, hay que salir del territorio. Para vender, hay que desplazarse. Para conectarse, hay que resistir. No es solo un problema de mensajería: es un indicador de ausencia. Mientras otras regiones discuten programas y candidaturas, en el sur se disputa algo más elemental: la posibilidad misma de estar integrado. Y en política, lo que no está integrado… termina por no existir.

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La política y su memoria selectiva

Hace apenas tres años, PRI, PAN y PRD aplaudían a rabiar a Alejandra del Moral. El PRI —el mismo que la llevó a la presidencia estatal en tres ocasiones— la elevaba como figura central de su proyecto. Era disciplina, era lealtad, era futuro. Hoy, esa misma figura es objeto de desdén, cuando no de abierta animadversión. La razón no es compleja: decidió cruzar de acera y acogerse a la 4T. Y en política, más que los errores, lo que no se perdona es la ruptura. Lo que queda del priismo no le reprocha una trayectoria, le cobra una decisión. Porque en ese mundo, la lealtad no es un valor: es una frontera. Y quien la cruza, deja de ser aliada para convertirse en traición.

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