La ventanilla del negocio

La COIME concentra la autorización de inversiones multimillonarias, convirtiéndose en un filtro clave que incide en el desarrollo urbano y económico del Edomex.
mayo 6, 2026
  • El impacto Estatal bajo sospecha
  • La señora de los permisos
  • El regreso de los viejos operadores
  • El vacío en la silla

El impacto Estatal bajo sospecha

El caso de Legacy Residencial & Club vuelve a poner en el centro el papel de la Comisión de Impacto Estatal (COIME). En teoría, es la instancia que determina si un proyecto de alto impacto cumple con condiciones ambientales, hídricas y urbanas; en la práctica, su actuación queda bajo escrutinio cada vez que un desarrollo de gran escala logra avanzar en medio de cuestionamientos. La Evaluación de Impacto Estatal no es un trámite menor: define la viabilidad jurídica de proyectos multimillonarios. No son pocos los casos que han levantado sospecha, sobre todo en municipios como Huixquilucan, Naucalpan, Atizapán o Valle de Bravo, donde el negocio inmobiliario se ha vuelto una mina de oro. Por eso, cuando se trata de desarrollos de esta magnitud, la duda no es solo técnica, es estructural. ¿Opera la COIME como un filtro estricto o como una ventanilla donde los proyectos encuentran ruta? En un entorno donde el suelo vale millones y las autorizaciones lo multiplican, la sospecha es inevitable: ahí no solo se evalúa impacto, también se decide quién puede convertir territorio en negocio.

La ventanilla de los miles de millones

No es una oficina menor. Por la ventanilla de la COIME han pasado inversiones autorizadas por más de 83 mil millones de pesos en un solo periodo reciente, principalmente en vivienda, centros de distribución, hospitales y desarrollos de gran escala. Con evaluaciones que pueden resolverse en poco más de un mes si se cumplen los requisitos, el organismo se ha consolidado como facilitador de inversión en el Estado de México. Ese dato no es técnico, es político: quien controla ese filtro incide directamente en la transformación del territorio y en la distribución de negocios multimillonarios. La pregunta no es si la COIME impulsa la inversión —eso es evidente—, sino bajo qué criterios decide qué proyectos avanzan y cuáles no. Porque cuando por una sola ventanilla pasan decenas de miles de millones de pesos, lo que está en juego ya no es solo desarrollo urbano… es poder económico en estado puro.

El vacío en la silla

En una ventanilla por donde pasan decenas de miles de millones de pesos, resulta, por decir lo menos, llamativo que no haya claridad pública sobre quién la encabeza hoy. En el propio sitio oficial de la COIME, el nombre del titular no aparece con precisión visible, un detalle menor… salvo que se trate del órgano que define la viabilidad de proyectos de alto impacto en todo el estado. En la administración anterior, la responsabilidad recaía en Karime Orozco Acosta, una gestión que concentró decisiones estratégicas en materia de inversión y desarrollo, no exenta de cuestionamientos. Hoy el contraste es evidente: antes había nombre; ahora hay opacidad. Y en ese vacío institucional, las decisiones siguen fluyendo. ¿Quién firma? ¿Quién coordina? ¿Quién responde? Sería razonable que el secretario Carlos Maza Lara aclarara quién conduce hoy esa instancia. Porque cuando la autoridad no tiene rostro visible, lo que se diluye no es solo la información… es la responsabilidad.

La señora de los permisos

Cuando se rasca un poco aparece el nombre de Claudia Moguel Cruz, vinculada a la conducción de la COIME tras su paso por el SAT. No hay presentación pública clara, no hay nombramiento visible en el sitio oficial, pero el nombre circula en una de las ventanillas más sensibles del gobierno estatal. Y eso no es menor: se trata de la instancia que define la viabilidad de proyectos multimillonarios en el Estado de México. La pregunta es simple y no debería incomodar: ¿quién es, bajo qué nombramiento opera y cuáles son los criterios con los que se están resolviendo los expedientes? Porque cuando una autoridad clave no se presenta de cara al público, lo que queda no es discreción… es opacidad. Y en ese terreno, todo se vuelve imaginable.

El regreso de los viejos operadores

El viejo aparato sindical del magisterio mexiquense, ese que durante décadas fue columna vertebral del régimen priista, vuelve a moverse. No lo hace desde la nostalgia, sino desde la organización: articula un frente que recuerda a aquella operación política de “Fuera Mexiquense”, con la mira puesta en el próximo ciclo electoral. No es casual el momento ni el blanco. Desde ese mismo reducto se han impulsado algunos de los golpes más constantes contra el secretario de Educación, Miguel Ángel Espejel, a quien en los pasillos ya apodan “el pavo”, bajo la premisa de que no llegará más allá de diciembre. La señal es clara: cuando el aparato empieza a trabajar, no lo hace para opinar, sino para reconfigurar posiciones. Y en política mexiquense, los viejos operadores nunca desaparecen… solo esperan turno.

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