Para el gobierno municipal de Naucalpan y el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, la estrategia funciona. Con un presupuesto histórico de 700 millones de pesos para seguridad en 2026, las autoridades reportan una caída del 77.1% en delitos de alto impacto y la salida del municipio del top 10 de ciudades con mayor percepción de inseguridad del INEGI.
En las calles, la percepción es distinta.
En colonias periféricas y corredores comerciales, vecinos describen un entorno marcado por la extorsión, la violencia de género y hechos violentos que rara vez se denuncian.
La geografía de la alerta y el silencio
San Lorenzo Totolinga, San Rafael Chamapa y Las Huertas se mantienen como focos rojos. En estas zonas, la violencia no solo ocurre en el espacio público, también se traslada a los hogares, mientras el miedo inhibe las denuncias.

Johanna, vecina de San Lorenzo Totolinga, lo resume así:
“Yo aquí nací y aquí me voy a morir. A mi hija la asaltaron con violencia (…) Fui a levantar denuncia. ¿Sabe qué me dijeron? ‘Señora, ¿no tiene algún familiar hombre que la acompañe?’ (…) Los números dicen que bajó la violencia, pero en la calle ya ni se reportan los crímenes”.
Extorsión y violencia cotidiana
El contraste entre cifras y realidad se refleja en hechos recientes. El 28 de febrero de 2026, un padre y su hijo fueron asesinados en la vía pública en la colonia Nuevo Molinito. A pesar del sistema de videovigilancia municipal, los responsables escaparon.

Habitantes de la zona señalan que el cobro de piso continúa como práctica recurrente en negocios locales.
“Es la misma banda, los mismos que cobran piso en las tortillerías. Yo veo cuando vienen a cobrar al taller de motos; eso no sale en ningún periódico”, relata un vecino de San Rafael Chamapa.
Cuando la violencia alcanza a Satélite
La narrativa de un municipio contenido se rompe cuando los hechos violentos llegan a zonas residenciales.
Entre finales de 2025 y abril de 2026, casos como el de Hugo Basurto —hallado sin vida tras meses desaparecido en Bosques de Echegaray— y el asesinato de Mariana G. en Boulevard Manuel Ávila Camacho, evidenciaron que la violencia no distingue zonas.
Desde Las Huertas, una comerciante resume la diferencia:
“La diferencia entre acá y Satélite es que allá les da miedo que les roben el reloj. Acá nos da miedo que nos quiten la vida por no mocharse con la maña”.
En Satélite, el impacto también es evidente.
“Te da miedo que te bajen el coche en los circuitos (…) Es una inseguridad con vista a los Starbucks, pero inseguridad al fin”, dice un residente.
Entre cifras y percepción
Mientras el ayuntamiento reporta avances en infraestructura y seguridad, la experiencia cotidiana de los habitantes refleja otra realidad.
En Naucalpan, la reducción de delitos en las estadísticas convive con una cifra negra persistente y un sistema de denuncia que, para muchos, no ofrece garantías.
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