La peregrinación católica más grande del mundo fue cancelada este sábado, ante ello el Presidente, López Obrador, celebró en redes sociales “la responsabilidad del pueblo de México ante la pandemia” por no acudir al templo dedicado a la Guadalupe.
La realidad es que ante el disparo de contagios de COVID-19 en la capital, la Basílica amaneció desde el viernes blindada por verjas y cordones policiales que evitaron la tradicional peregrinación de cerca de 12 millones de personas que cada año deriva en una concentración masiva a su alrededor.
“Ya teníamos que venir, hasta donde pudiéramos llegar, lo importante es hacer la caminata”, contó Daniel para el portal Sin Embargo, un joven de 26 años que camino durante siete horas desde el sur de la capital con cubrebocas y un cuadro de la virgen morena a cuestas para pedirle salud y trabajo.
Su congregación tuvo que cancelar una peregrinación desde el vecino estado de Puebla el pasado noviembre, pero Daniel no se planteó renunciar al Día de la Virgen. Por eso, junto a dos amigos fue burlando los cordones policiales a través de callejuelas hasta llegar a una cuadra del templo. Ya no pudo avanzar más.
“Me da pena porque estamos acostumbrados a llegar cada año a la Basílica y no se pudo”, contó.
Frente a los millones de asistentes, fueron pocos los que, como Daniel, lo intentaron. La pandemia doblegó el fervor y no dejó ni rastro de los habituales ríos de gente, ni de las tiendas de los peregrinos que acampan en la zona ni de los sacrificios de los más devotos, que llegan al templo de rodillas para agradecer milagros a la Virgen.
Solo pequeños grupos de fieles se asomaron a las verjas para orar lo más cerca posible de la Guadalupe ante el nerviosismo de policías que rogaban por que se mantuviera la sana distancia.
Algunos de los afectados por las medidas fueron los comerciantes que tienen sus negocios a las faldas del Tepeyac, el cerro de la capital donde dice la leyenda que el 12 de diciembre de 1531 se apareció la Virgen al indígena Juan Diego, inaugurando así la fe por la Guadalupe.
Estos negocios de mercadotecnia guadalupana, que cada diciembre hacen su agosto, se quedaron atrapados dentro del perímetro policial, lleno de agentes y barrenderos pero desierto de peregrinos.
Pese a su enorme catálogo de figuras de vírgenes de todos los tamaños, Rafael solo ganó 30 pesos (1.50 dólares) durante la mañana más esperada del año. “Está horrible”, resumió.
A la vuelta, Josefina nunca había visto algo similar durante las cuatro décadas que lleva alimentando a feligreses con dulces tradicionales mexicanos. “No podemos vender porque no dejan pasar a la gente y eso nos está afectando mucho porque de aquí vivimos y de acá comemos”, expresó indignada.
Por eso, su petición a la Guadalupe de este año urge más que nunca: “Le pedimos mucho a la virgencita que ya se acabe todo esto porque si sigue así nos vamos a morir de hambre”.
Con información de Sin Embargo


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