La calle El jagüey, en San Lucas Tunco, lleva más de tres meses bajo el agua. Las milpas se transformaron en ciénegas, las casas en refugios improvisados sobre los segundos pisos. “Al principio era solo el campo, pero en septiembre el agua empezó a subir. Ahora ya entró a las casas”, relata una vecina que pide mantener el anonimato.
Las pérdidas superan los 12 mil pesos por vivienda: refrigeradores, camas, comedores y estufas quedaron inservibles. Pero lo que más duele, dice, “es no poder vivir con dignidad. Para ir al baño, el agua se regresa. Y para ir a la escuela, los niños cruzan agua contaminada todos los días”.

Agua contaminada y calles hundidas
El agua potable que llega por las tuberías sale “amarilla, incluso para bañarse”, cuenta la misma vecina. “Lo que hacemos es calentarla y esperar que la suciedad se pegue en los botes. Pero está contaminada. Y las pipas de agua potable no vienen. Aquí no hay agua, no hay nada”.
El testimonio coincide con lo que describe Martín Campos Lugo, otro habitante de la zona:
“De repente cae agua y de repente no. A veces llega a las tres de la mañana, y si no apartas, ya no hay. Las pipas no vienen ni los del agua ni los de la basura. Aquí está abandonada toda esta calle.”
En la parte más baja del poblado, el agua alcanza los 40 centímetros y se estanca durante semanas. Los vecinos han tenido que cooperar para levantar sus propias casas y caminos. “Cada familia puso 200 pesos para subir un poco el camino —explica Campos—. Hemos gastado más de seis mil pesos en tierra y camiones, pero ni así podemos librarnos del agua”.



Sin luz ni patrullas
Las noches en San Lucas Tunco son oscuras y peligrosas. “De ocho en adelante nadie sale porque está muy oscuro. Solo sirven dos lámparas y una se apaga a media noche”, dice una de las vecinas.
La falta de alumbrado agrava la inseguridad. “Los carros pasan a toda hora y no sabemos a qué vienen. No hay cámaras, no hay vigilancia. Las patrullas no bajan porque está inundado y se regresan desde la esquina”, explica Campos.

Promesas rotas y una disputa por la tierra
Los habitantes aseguran haber enviado mensajes, videos y solicitudes al presidente municipal Fernando Flores Fernández. “Tengo su WhatsApp, pero solo me deja en visto”, dice la vecina. “Le he mandado correos, evidencia, todo. Pero nunca vino a la calle jagüey. Nos dijo que estaba preocupado por la zona de riesgo, pero nunca se paró aquí.”
Según los testimonios, funcionarios municipales habrían visitado la zona meses antes para proponer que las tierras se volvieran propiedad privada, un intento que los vecinos rechazaron. “Vinieron del Cabildo a decir que querían hacer esta zona propiedad. Los ejidales se negaron a firmar. Desde entonces, el alcalde no volvió”, acusa la vecina.
“Nos reunieron tres veces, pero él nunca vino a dar la cara. Luego mandó a un secretario a decir que era mentira, aunque sí nos querían quitar la tierra. Desde entonces, ni una despensa. Solo vino una vez su gente con arroz y frijol, pero eso no ayuda a cruzar a los niños a la escuela.”

El costo del abandono
La comunidad de San Lucas Tunco calcula al menos 80 personas afectadas, incluidas familias con niños y adultos mayores. “No le pedimos despensas ni un cuarto. Solo una calle digna”, dice una de las vecinas. “Esto ya es un foco de infección. No queremos caridad, queremos vivir sin miedo.”
En la calle jagüey, unas 20 familias siguen viviendo entre el agua y el lodo. “Somos los olvidados”, dice un hombre mientras apunta hacia su casa anegada. “Allá donde hay más gente sí hacen caso. Aquí no. Pero ahora que ustedes vienen, ojalá vean que esto no es solo una inundación: es abandono.”


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