José Marcial Huerta Arpide, conocido en San Juan Teotihuacán bajo el alias de “El Pakas”, encarna uno de los perfiles más opacos y contradictorios de la política regional mexiquense.
Sin experiencia previa en la administración pública más allá de haber fungido como primer delegado de la comunidad de Puxtla, su trayectoria territorial se encuentra profundamente atravesada por una espiral de violencia armada y graves señalamientos ciudadanos.
Pese a este sombrío panorama, Movimiento Ciudadano (MC) no dudó en otorgarle la candidatura a la presidencia municipal, evidenciando el profundo pragmatismo electoral de un partido dispuesto a ignorar acusaciones de alto calibre con tal de asegurar una base de votos en la región.

Foto: RR.SS.
El cobijo naranja frente a las acusaciones públicas
Antes de aparecer en las boletas electorales, la reputación de Huerta Arpide ya se encontraba bajo un severo escrutinio público.
En diciembre de 2020, el portal Los Ángeles Press documentó una denuncia atribuida a habitantes de Teotihuacán que vinculaba al entonces líder comunitario con células de la delincuencia organizada.
El documento lo señalaba por presuntas actividades ilícitas que iban desde la extorsión hasta el secuestro, operando bajo una supuesta red de protección policial, sin que esto llegara al terreno judicial.
Aunque estas severas imputaciones nacieron de una denuncia ciudadana y no se tradujeron en órdenes de aprehensión ni en sentencias condenatorias oficiales comprobables, el costo reputacional resultaba innegable.
Sin embargo, en un cuestionable ejercicio de filtros éticos, Movimiento Ciudadano decidió mantener su postulación a la alcaldía, registrándolo como candidato propietario.
La apuesta del partido naranja no fue un mero acto testimonial: «El Pakas» logró capitalizar 3 mil 125 sufragios, desplazando a la coalición oficialista de PT-Morena-Nueva Alianza y demostrando empíricamente que poseía una maquinaria territorial capaz de movilizar al electorado pese a la inmensa sombra de la sospecha.
Una trayectoria marcada por agresiones y la tragedia familiar
La carrera política de Huerta Arpide resulta inseparable de la nota roja. Su ascenso como líder comunitario ha estado flanqueado por una constante estela de atentados que lo perfilan como un objetivo recurrente.
El primer episodio de alto impacto ocurrió el 18 de julio de 2019, cuando fue emboscado cerca de la Catedral de Teotihuacán; en aquella ocasión, el dirigente repelió el ataque, resultando en la posterior muerte de uno de los agresores sin que las autoridades lograran esclarecer el móvil.
En enero de 2021, en plena efervescencia por sus aspiraciones a la alcaldía, fue baleado junto a su escolta al ingresar al gimnasio “Mi GYM”, un evento que la prensa documentó como el tercer atentado en su contra.
No obstante, el golpe más devastador ocurrió en pleno desarrollo del proceso electoral, el 18 de abril de 2021, cuando su hijo Sixto Arpide Morales, de apenas 20 años, fue ejecutado a balazos mientras conducía por el camino viejo a Zumpango; un crimen que las autoridades nunca lograron esclarecer ni desvincular formalmente de la turbulenta campaña de su padre.

Un ataque más
El asedio violento en contra del excandidato parece lejos de concluir, confirmando que las rencillas detrás de su figura siguen vigentes. Apenas este 14 de julio de 2026, las inmediaciones de la Catedral de Teotihuacán volvieron a ser el escenario de un ataque directo.
Sujetos a bordo de una motocicleta abrieron fuego en al menos seis ocasiones contra la camioneta en la que viajaba, dejándolo con una herida de bala en el brazo izquierdo y lesionando a dos de sus acompañantes, mientras los agresores escapaban en total impunidad.
La repetición sistemática de estas agresiones, el asesinato de su hijo y la inoperancia de las investigaciones ministeriales mantienen a José Marcial Huerta Arpide en una zona de profunda opacidad e incertidumbre.
Sobrevive en el complejo tablero mexiquense como un actor que exhibe las fisuras del sistema: un político local, avalado en su momento por Movimiento Ciudadano, pero perpetuamente rodeado por la tragedia, armas y señalamientos de gravedad que la justicia estatal jamás ha logrado clarificar.


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