Con un abrazo fraterno a Tomás Velázquez
El Iconoclasta Sancho Escribano
Una revisión a primera lectura de las estadísticas de la lista nominal y el padrón electoral que acudirá a las urnas en las próximas elecciones concurrentes, revela lo que ya mucho se ha dicho y poco se ha reflexionado: la participación de los jóvenes en la jornada electoral del 1 de julio próximo.
Alrededor de 34.5 millones de jóvenes de entre 18 y 34 años, que representan el 39.5 % aproximadamente del total del padrón electoral de 87.3 millones de votantes, tendrán la posibilidad de acudir a las urnas como nunca lo han hecho; a pesar de todo, son el segmento electoral que puede inclinar la balanza en favor de cualquier candidato.
Basta recordar que Peña Nieto obtuvo 19.1 millones de votos con los que ganó la presidencia de la República. Tan sólo el segmento de 20 a 24 años de edad en la lista nominal –de acuerdo al corte de junio de 2017– lo integran 11 millones de jóvenes.
Lo interesante de este vaticinio, que ha sido recurrente en los últimos procesos electorales, es que no es visible algún movimiento social como el surgido, por ejemplo, en la elección presidencial pasada. Movimientos efímeros, oportunistas y electoreros como el llamado #YoSoy132, por citar al más.
Estimo que, esta vez, una parte del silencio social juvenil va a resonar de manera estruendosa en las urnas. Y una realidad es innegable: ¡están hartos del PRI! Un PRI al que ni siquiera conocen, pero del que muchos han oído; un PRI que optó por su clientela electoral y voto duro, que difícilmente alcanzará, apenas, para rescatar algunos bastiones relevantes.
Como nunca, y en una elección con líderes vetustos y anquilosados, parece vislumbrarse que los jóvenes decidirán iniciar el relevo generacional con este primer y decisivo paso: votar por otra opción. Paradoja política, jóvenes eligiendo a no tan jóvenes para que dirijan sus destinos.
La oportunidad que le dio a este país el bono demográfico, si bien no ha sido capitalizada en todos los frentes –especialmente el económico–, le pasará factura al sistema que lo prohijó en la década de los años setenta, en que se logró una reducción significativa en la tasa de fecundidad.
Las estimaciones de que el número de jóvenes y adultos jóvenes de entre 20 y 30 años de edad, crecerá por uno o dos lustros más y se prevé que se equilibre en aproximadamente 44 millones aproximadamente, algo así como como 4 de cada 10 mexicanos.
¡Sí! Esa masa amorfa pero contagiosa llamada millennials seguramente se hará escuchar en esta elección. Quien tenga hijos en esta condición comprenderá esta reflexión. Ya no es una rebeldía contra el status quo a ultranza. Es un verdadero grito de hartazgo.
A pesar de la apatía característica de los jóvenes, su voluntariosa acción durante los sismos de septiembre de 2017 rompió el paradigma de la indiferencia con que solía vérseles.
Las posiciones y “apuestas” sobre el papel decisivo que tendrán en la próxima elección, como todo, está sujeta a opiniones contrapuestas. Aun y con la pulverización del voto que supone un número poco común de candidatos en la boleta presidencial, los otros cargos en juego también son decisivos para reflejar la pluralidad de enfoques que impondrán esta generación en la configuración del nuevo mapa electoral, no sólo en el Estado de México, sino en el Legislativo federal.
Un partido que apuesta por reciclar gobernadores o familiares de prominentes políticos, degustará el sabor amargo de la próxima votación. Y si no llegan al poder absoluto de la decisión, una cosa es innegable: harán oír su voz.
Carpe Diem
A 13 días del segundo mes del año, el Secretariado del Sistema Nacional de Seguridad Pública no ha reportado la incidencia delictiva de enero de 2018. Sin contar la llamada cifra negra de aquellos delitos que no se denuncian, el Estado de México reportó una incidencia de 291 mil 3 delitos denunciados.
De los 92 mil 154 robos, 62 mil 659 son con violencia. El año no pinta bien…
La última y nos vamos…
Circo, maroma y teatro… con el fin de las precampañas ni los medios de información han advertido sobre el megagasolinazo permanente que decretó el gobierno federal. El tema parece ya no estar en ninguna agenda, incluyendo la ciudadana.
En unas cuantas semanas el precio de la gasolina magna se disparó en más de 8.12 % aproximadamente, más o menos dependiendo la estación de servicio a la que acuda. Ni siquiera Calderón en sus días difíciles hubiera maquinado una farsa como la que se vive hoy día, bajo la cobija de la reforma energética.
Aumentó el peaje de la autopista México-Toluca, símbolo por antonomasia de inflación, poco más de 5 %.


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