Bourdieu decía que la ignorancia no es una carencia, sino una construcción social: se cultiva, se premia, se institucionaliza. En la administración pública, hay casos en que la ignorancia no es una limitación, sino una coartada. Y el de Metepec lo ilustra con precisión inquietante. No hablamos de un hombre malvado, sino de un personaje que no sabe y no quiere saber, porque simular saber le ha bastado para enriquecerse. Empresario de papel, cuyo éxito fue sembrado desde oficinas gubernamentales que le abrieron las puertas del presupuesto público; funcionario por accidente, que ha escrito más libros de los que ha leído, y que se autodefine de derecha sin saber qué significa eso. Su autoridad no proviene del conocimiento ni del mérito, sino del tráfico de influencias, del blindaje político que lo colocó como rostro amable de una maquinaria de contratos, y de una narrativa de modernidad que apenas disimula su vacío. No es que no sepa gobernar: es que nunca ha sabido de qué va lo público.
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El crimen que exhibe el despojo
El doble asesinato que cimbró a Metepec en enero no fue producto del azar. El objetivo era Christian Gómez; Elohim Díaz cayó en el lugar equivocado, a la hora maldita, ha quedado claramente establecido en las investigaciones. Lo que se creía un ajuste de cuentas entre particulares ha ido revelando una trama más profunda: la disputa violenta por la restitución de terrenos apropiados por redes mafiosas disfrazadas de gestores. Detrás del crimen, emergen nombres, escrituras, pactos y silencios. El caso se inscribe en una guerra soterrada por el control inmobiliario del valle alto, donde los predios valen más que la vida. Lo que está en juego no son propiedades: es el modelo de poder que se construyó sobre la impunidad del despojo. Y por eso, precisamente por eso, incomoda tanto.
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La derecha sin voz ni proyecto
La derecha en el Estado de México ya no es oposición, pero tampoco es idea. Su derrota va más allá de las urnas: es una quiebra cultural. Perdió la gramática con la que antes se justificaba: familia, mérito, orden, libertad. Hoy, ni sabe a quién representa. Ya no son empresarios, ni ciudadanos responsables, ni padres de familia preocupados: son influencers mal armados, tecnócratas sin épica o cínicos que extrañan el saqueo. Carecen de proyecto histórico y de voz propia. No hay pensamiento, solo ocurrencias. No hay visión, solo intereses. No es que la gente haya dejado de votar por ellos: es que ya nadie se siente convocado por lo que encarnan. El 2027 no será su revancha, será su cadalso.
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El botín incrustado en la nómina
Durante más de una década, la nómina del sector salud estatal albergó algo más que médicos: fue refugio de la estructura electoral del PRIAN. Operadores de casilla, promotores del voto, enlaces territoriales: todos con plaza, sin bata. Era una red clientelar incrustada con bisturí de complicidad, que usaba el servicio público para financiar la simulación democrática. Desmantelarla no fue fácil, pero ya se logró. El costo ha sido alto: la presión sobre la secretaria Macarena Montoya ha venido de todos los frentes —sindicatos, legisladores, exfuncionarios—, con la furia de quienes se sabían impunes. Pero la purga era necesaria. No se puede sanear el sistema de salud si antes no se desinfecta su nómina.
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El simulacro llamado Infoem
El Instituto de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales del Estado de México y Municipios (Infoem) ha muerto en vida. Nunca fue un órgano garante: fue un refugio dorado para cuotas partidistas, una oficina de trámites estéticos sin dientes ni voluntad. Durante años costó millones en sueldos, oficinas, viáticos y discursos vacíos, mientras los verdaderos actos de opacidad —los contratos amañados, los desvíos, las cuentas escondidas— pasaban frente a sus narices sin que nadie pestañeara. Hoy su pertinencia está en entredicho, pero no está solo. Hay decenas de organismos, institutos y consejos que comparten la misma función: ser adornos democráticos para justificar el saqueo. La transformación real también implica extinguir la simulación institucional.


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