Universidad sitiada por los tiempos del poder
Mientras el paro universitario se prolonga y el hartazgo se acumula en las aulas vacías, dos salidas artificiales se disputan el tablero del conflicto. De un lado, quienes buscan extender el interinato del rector Isidro Rogel, con la esperanza de ganar tiempo para una reforma legislativa que, en teoría, refundaría el modelo de gobierno de la UAEMéx. Del otro, quienes presionan con fuerza para imponer el nombramiento inmediato de Patricia Zarza, sin más argumento que la urgencia del desgaste. Ninguna de las dos opciones toca fondo en la crisis ni garantiza legitimidad. Una posterga, la otra impone. Y ambas orbitan en torno a intereses ajenos a la comunidad estudiantil, que ya parece más rehén que actor. El dilema no es técnico ni académico: es profundamente político. Y los grupos que lo disputan llevan décadas contaminando la institución con cuotas, lealtades y silencios. Urge una solución, sí. Pero no cualquier salida. Porque hay puertas que, si se cruzan, ya no se pueden cerrar.
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Peña Nieto, el fantasma dorado de la impunidad
Enrique Peña salió hoy de su autoexilio dorado para defenderse de las acusaciones de soborno por la compra del software Pegasus. Con voz pausada, negó todo, como lo hizo con Odebrecht, la Casa Blanca, los contratos de OHL y un largo etcétera de escándalos que nunca llegaron a tribunal. La historia se repite: el expresidente dice que no hay pruebas, y en efecto, no las hay… porque el sistema que él mismo perfeccionó se encargó de no dejarlas. Pero si no es corrupto, como él alega, sí lo parece con maestría. ¿De qué ha vivido estos últimos siete años? ¿Quién financia su vida de lujo, sus cenas en Madrid, sus trajes italianos, sus noviazgos de revista? No trabaja, no da conferencias, no escribe libros, no invierte públicamente. Su única inversión visible ha sido en el silencio. Y lo más revelador: ya nadie se atreve a defenderlo. Ni uno solo de sus excolaboradores salió hoy en su auxilio. El peñismo es hoy un cadáver sin dolientes. Pero con muchas cuentas pendientes.
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Cuando el cambio se queda en discurso, la impunidad se cuela por las rendijas
Las denuncias contra la Secretaría de Educación y Deporte del Edomex no son casos aislados ni escándalos menores. Son síntomas de un sistema que se resiste al cambio. El montaje con cheques a menores, los sobreprecios en becas de viaje, la manipulación de actas y los contratos dirigidos no solo exhiben conductas indebidas, exhiben inercias. Grupos enquistados que operan desde hace años han encontrado refugio en el nuevo gobierno, protegidos por la falta de vigilancia, por la narrativa de la transformación y por un aparato que no ha sido depurado a fondo. Lo más grave no es que haya corrupción —eso ya lo sabíamos—, sino que no haya consecuencias. Las denuncias se han quedado en lo mediático. No hay cese de funcionarios, no hay auditorías públicas, no hay sanciones visibles. Y eso golpea donde más duele: en la legitimidad del discurso. El gobierno del cambio no puede permitirse ser indulgente con las estructuras del viejo régimen. Porque si no se rompe con ellas, se termina mimetizando con ellas. Y ahí se pierde todo.
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Almoloya: la alternancia que solo ha beneficiado a los mismos de siempre
En Almoloya de Juárez los colores del poder cambian, pero el reparto sigue igual. El PRI, el PAN, el Verde, el PT… todos han pasado por el palacio municipal con promesas de transformación, pero la pobreza persiste, los servicios básicos escasean y la desigualdad se ahonda. Hoy gobierna Adolfo Solís, antes priista, ahora “verde con esperanza”. Y como otros antes que él, ha encontrado en el cargo una plataforma de promoción, no de transformación. Con actos multitudinarios, discursos reciclados y un despliegue mediático constante, su administración luce más como una agencia de imagen que como un gobierno. Mientras tanto, el municipio sigue con caminos de tierra, viviendas sin agua, comunidades abandonadas y jóvenes sin futuro. La alternancia, esa promesa democrática, ha servido solo para rotar beneficios entre las élites locales. La desilusión crece porque el pueblo vota, pero no elige. Y cuando el cinismo se impone sobre la esperanza, ya no importan los partidos: todos se vuelven sospechosos.
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IEEM: el poder no está en las urnas, está en el presupuesto
En el IEEM se libra una batalla silenciosa: no por la democracia, sino por su administración. El presupuesto del Instituto para 2025, tras la ampliación por la elección judicial, supera los 2,641 millones de pesos. Y como en todo aparato público, quien controla el dinero, controla el poder. Ahí está el verdadero tablero: la dirección de administración, la secretaría ejecutiva, las áreas técnicas… cada una es una pieza en disputa. Lo que aparenta ser un órgano técnico, es en realidad un espacio de negociación política encubierta.
La lucha interna en el IEEM responde a una lógica de teoría de juegos: actores racionales que buscan maximizar influencia y recursos en función de escenarios posibles. Los partidos buscan controlar posiciones clave para asegurar ventajas futuras; los consejeros buscan blindarse con autonomía administrativa; los funcionarios de carrera, sobrevivir en el nuevo reparto. Y todo gira en torno al control del gasto: nómina, contratos, licitaciones, proveedores. La transparencia es una consigna, no una práctica.
Redistribuir el poder interno del IEEM no es una cuestión de ética, es una necesidad institucional. Mientras el dinero se concentre sin contrapesos, seguirá alimentando la opacidad. El desafío no es técnico: es político. Y la pregunta no es si el IEEM organiza bien las elecciones, sino si puede dejar de funcionar como caja chica del sistema de partidos.


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