Finanzas y el síndrome del virrey

La salida de Paulina Moreno y el estilo de operación de Óscar Flores exhiben tensiones internas en una de las áreas más sensibles del gobierno mexiquense.
mayo 25, 2026
  • Anatomía de una nómina paralela
  • La ruta del dinero pasa por Oficialía Mayor
  • Las puertas giratorias del agua
  • Zumpango y el fin de un viejo negocio
  • Finanzas y el síndrome del virrey

Anatomía de una nómina paralela

La investigación sobre los aviadores en la Secretaría de Educación comienza a desplazarse del terreno de la picaresca burocrática hacia algo más estructural: la posible existencia de una nómina utilizada como mecanismo de irrigación política. Ya no se trata solamente de plazas cobradas sin trabajar, sino de una arquitectura administrativa capaz de transferir recursos públicos hacia circuitos de operación territorial, lealtades internas y financiamiento informal. La educación, como suele ocurrir en los sistemas patrimonialistas, ofrecía condiciones ideales: presupuesto voluminoso, dispersión institucional y zonas grises donde responsabilidad y control se vuelven conceptos elásticos. Lo inquietante no es únicamente el dinero perdido, sino la racionalidad detrás del mecanismo: transformar una institución concebida para producir ciudadanía en un instrumento de reproducción del poder. Al final, alguien no estaba administrando una dependencia: estaba construyendo su propia estructura de operación electoral con dinero público.

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La ruta del dinero pasa por Oficialía Mayor

En las indagatorias sobre la nómina paralela hay un nombre administrativo que comienza a repetirse con obstinación burocrática: Oficialía Mayor. Porque los pagos no se autorizaban en la Secretaría de Educación, sino en la estructura encargada de validar movimientos, liberar recursos y dar existencia formal a la maquinaria. Todo empieza a conducir, inevitablemente, hacia la posible citación de la ex titular del área, Trinidad Franco Arpero, cuya operación política hoy parece resguardarse bajo el cobijo del PT mexiquense y de Reginaldo Sandoval, ese veterano sobreviviente de las tormentas partidistas que siempre aparece donde el poder todavía conserva oxígeno. En política, refugiarse demasiado pronto suele equivaler a admitir que el incendio viene cerca.

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Las puertas giratorias del agua

A propósito de la ex oficial mayor, Trinidad Franco Arpero, ya recuperada de su convalecencia física y política, no sólo retomó actividad pública; también regresó al ecosistema empresarial vinculado a la obra pública mexiquense. Hoy mantiene una sociedad con Isidro Pastor en servicios relacionados con obra para la Comisión del Agua del Estado de México. En esa ecuación aparece también Beatriz García Villegas, vocal ejecutiva de la CAEM, cuya administración les ha abierto con notable generosidad las puertas institucionales. El caso vuelve a exhibir una vieja patología del sistema político mexiquense: funcionarios que transitan, sin demasiada incomodidad ética, de administrar presupuesto público a participar del negocio construido alrededor de él. En el Estado de México las puertas no se clausuran; se vuelven giratorias.

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Zumpango y el fin de un viejo negocio

En la Secretaría de Salud comienza a tomar forma una decisión que, de concretarse, sí tendría dimensiones estructurales: terminar el contrato PPS del Hospital de Alta Especialidad de Zumpango, uno de los símbolos más acabados del modelo peñista de concesión hospitalaria. El esquema, entregado durante el peñato al grupo de Juan Armando Hinojosa, ha costado miles de millones al erario mexiquense bajo contratos de larguísima rentabilidad privada. La eventual cancelación implicaría desmontar uno de los principales activos de control de infraestructura heredados de aquella época. Martí Batres ya avanzó en esa ruta dentro del ISSSTE; ahora falta ver si en el Estado de México existe la firmeza política para enfrentar intereses históricamente intocables. Porque ahí sí comenzaría a parecer que algo cambió y no solamente el membrete sobre la puerta.

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Finanzas y el síndrome del virrey

Paulina Moreno salió de la Secretaría de Finanzas no sólo por diferencias administrativas, sino por una relación cada vez más tirante con la gobernadora, cuyas instrucciones, dentro del propio aparato estatal, comenzaban a ser ignoradas o abiertamente contradichas. Delfina Gómez apostó entonces por un relevo de absoluta confianza: Óscar Flores, con quien había trabajado desde los tiempos de la SEP. Sin embargo, en Palacio de Gobierno empieza a instalarse la sensación de que el remedio resultó peor que la enfermedad. Flores no opera como subordinado, sino como un tecnócrata con autonomía propia y una dosis de soberbia suicida. La anécdota que más circula retrata bien el clima interno: el día que dejó plantada a la propia gobernadora en una reunión con ejecutivos bancarios. En el viejo priismo eso tenía nombre inmediato: insubordinación. Y pocas cosas irritan más al poder que un funcionario que empieza a confundirse con el dueño del poder.

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