El pasado domingo 17 de enero, el presidente Enrique Peña Nieto, entregó en Arabia Saudita la condecoración denominada “La Orden Mexicana Del Águila Azteca”, máximo galardón que el Gobierno de México le otorga a extranjeros para reconocer los servicios prominentes prestados a la Nación o a la humanidad, y para corresponder a las distinciones de que sean objeto los servidores públicos mexicanos.
La condecoración fue entregada al Rey de Arabia Saudita, Salman Bin Abdulaziz Al Saud, quien ha sido una persona constantemente criticada. Tan solo 15 días antes de que se le entregara la presea, ordenó que se cumplieran las órdenes de ejecución contra cuatro presos políticos, que no solo fueron decapitados, sino que sus cuerpos fueron crucificados y exhibidos públicamente; además se ejecutaron un total de 47 personas bajo cargos de terrorismo, el mayor número de ejecuciones realizadas por un país en un solo día.
Lamentablemente en México estas ejecuciones pasaron desapercibidas, pero en el mundo se han generado manifestaciones de condena, incluso el Secretario General de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, mencionó que se encontraba fuertemente consternado por todas las ejecuciones. De acuerdo con la organización, Human Rights Watch, en este país árabe suman 158 ejecuciones en un año, cifra más alta desde 1995.
Para el otorgamiento de la condecoración existe el Consejo de la Orden Mexicana del Águila Azteca, integrado por el Presidente, la Secretaría de Relaciones Exteriores, y el encargado de Protocolo. Dicha Secretaría justificó la entrega de la misma de la siguiente forma: “Es el propósito del gobierno de los Estados Unidos Mexicanos reconocer al custodio de las dos santas mezquitas, Rey Salman Bin Abdulaziz Al-Saud, por su valioso interés y notable voluntad para fortalecer las buenas relaciones entre México y Arabia Saudita”, lo anterior de acuerdo con lo establecido en el Diario Oficial de la Federación del día viernes 15 de enero.
Estimados lectores, me sobran sentimientos de decepción y tristeza para entender por qué una distinción tan notable, y que se le ha entregado a grandes personajes como Nelson Mandela, Rigoberta Menchú, Mario Vargas Llosa, entre muchos otros activistas e intelectuales, se le entrega a una persona que no tiene compromiso con el respeto a la vida y a los derechos humanos de las personas a quienes gobierna; y lo peor, por qué como gobierno no protegemos una condecoración, pues al hacer entrega de ella nos estamos valorando o devaluando como Nación. Sin duda, en esta ocasión estoy segura de que al igual que yo, los mexicanos estamos en contra de entregar tan noble distinción a un dictador que ha sembrado miedo a la población que no comulga con sus ideas, y que la condena real es para el Gobierno Mexicano, que devalúa constantemente el reconocimiento de quienes realmente valen los seres humanos.
Twitter@monicafragoso
Facebook Mónica Fragoso Maldonado
Mail [email protected]


Síguenos