La Quinta Columna

La Quinta Columna
Que no se olvide que el Estado de México cuenta con dos Alertas de Violencia de Género

En memoria de las víctimas en el Edomex

¡Feminazi!

Este es un insulto que denota insensibilidad, ignorancia, temor al empoderamiento y un desprecio manifiesto a la lucha de mujeres valientes que a pesar del miedo caminan por las calles.

Estudiantes, trabajadoras, madres de familia, tienen un común denominador, cuando se les ataca, acosa o se mata, se hiere a toda una familia y se asesina a pasos agigantados la esperanza de una sociedad mejor, ser insensible a ello es una actitud cobarde.

Despreciable la comparación con un hecho histórico que constituye uno de los capítulos mas negros de la humanidad, que implicó las cámaras de gas, la muerte por hambruna, la intención de arrasar con un pueblo. Ignorancia que hace que no quepa la duda de que a veces, la estupidez rebasa lo previsible.

Atrás del ataque a una persona aparentemente más vulnerable, puede estar el temor a su empoderamiento como colectivo, que se sustenta en el esfuerzo personal, por tener más preparación escolar, una mejor condición económica y autoreconocimiento de su real valía. En términos sencillos su capacidad de transformación social puede ser la semilla de un nuevo México.

El 8 de marzo debe ser importante socialmente, no solo es la lucha de un colectivo, no solo es la búsqueda de la reivindicación de las mujeres, es la batalla de las familias. Ocupemos el lugar en la trinchera que ellas nos designen, sin protagonismos ni buscando una tajada política, miserable sería lo contrario, reflexionemos respecto al dolor y el agravio, no critiquemos, un cristal se cambia, un monumento se restaura, las vidas pérdidas son irreparables.

Que no se olvide que el Estado de México cuenta con dos Alertas de Violencia de Género. La primera se emitió en 2015 por el incremento en el número de feminicidios; la segunda se emitió cuatro años más tarde por el aumento de desapariciones de niñas, adolescentes y mujeres. 

Digamos no a la indiferencia, basta de programas sociales que pretenden dividir entre beneficiarias y no, de vigilancia y presión a los liderazgos, del temor a los tendederos, de las diferencias salariales y de oportunidades; pero sobretodo no más impunidad, mientras no haya culpables castigados por cada feminicidio, los discursos serán huecos, lacerante recordatorio de que no se trata de secretarías de la mujer y nombramientos cosméticos, sino de ¡JUSTICIA!