La realidad es un concepto huidizo que se presta a diferentes interpretaciones y maneras de objetivarlo.
Por eso se dice que la realidad depende del sujeto que la define, lo que hace que pueda haber muchas realidades.
De ahí la dificultad para ponerse de acuerdo acerca de lo que es real.
Así, puede haber quien considere que el actual gobierno del estado de México, o el de Toluca, son buenos gobiernos, pero habrá también quienes piensen que son unos de los peores gobiernos de que se tenga memoria.
En particular a mí me parece que las corrientes que mejor se acercan a la realidad, son aquellas que se valen de la verificación, de la prueba empírica, para probar lo que proponen.
Sin embargo cabe hacer notar que las pruebas positivas son relativamente fáciles de realizar en las ciencias y las disciplinas que de ellas se derivan como la física y la ingeniería, la biología y la medicina.
Pero en los fenómenos sociales y económicos es un poco más difícil aplicar dichos procedimientos por la gran cantidad y tamaño de las variables y por el tiempo que toma a los fenómenos decantarse.
Así que, mientras la realidad concreta se impone, uno de los grandes instrumentos que utilizan los grupos en el poder son los medios de comunicación, con los que hacen creer a la población aquello que conviene a los intereses de los primeros.
Lo anterior es a mí parecer evidente cuando, por ejemplo, la mayoría de los medios de la ciudad de Toluca y de la entidad, pintan un gobierno lleno de aciertos y progresos, mientras que por otra parte se informa que la criminalidad crece en Ecatepec, en el sur del estado y en la propia capital.
Otro ejemplo notable son las secciones escritas y las barras deportivas de la televisión y la radio, cuando informan y comentan del futbol mexicano, al que se refieren como un espectáculo lleno de “excelsitudes y genialidades”, cuando que, comparado con el de otras latitudes, es un futbol harto mediocre.
Otro ejemplo de intentos de ganar la opinión de las mayorías, es la campaña recientemente puesta en marcha, para hacer creer a los mexicanos que las reformas estructurales, en particular la energética, traerán un país de progreso y felicidad para todos.
Como parte de esa campaña se llevó a cabo una entrevista al presidente de la república, de parte de un grupo de periodistas, caracterizados por su servilismo hacia el poder.
En ella, fueron simbólicos de la misma, los contoneos, pestañazos y miradas sugerentes de una las entrevistadoras, cuando hacía preguntas a modo para el lucimiento del entrevistado.
Se podría decir que esa entrevista fue un exceso, pero retrata claramente, así haya sido de manera casi grotesca, el papel de los medios para tratar de construir una realidad desde una sola perspectiva.


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