La recuperación del río Lerma, una odisea que es posible realizar

Para lograr este objetivo es fundamental el financiamiento y compromiso de las autoridades

Por Carlos Pérez

De acuerdo con la opinión de expertos y considerando las experiencias en otros países, es posible restaurar el río Lerma –pese a su deterioro– mediante un proyecto integral entre instituciones y los distintos niveles de gobierno. 

 

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“Hay varios ríos recuperados; el Danubio y el Rin, en Europa, tuvieron problemas serios de contaminación en el siglo pasado (…). Se tomaron medidas muy fuertes y hoy en día se han recuperado. Es posible hacerlo, pero se requiere un esfuerzo enorme”, explica el doctor en Ciencias Biológicas Pedro Ávila.

Por su parte, la población ha demostrado su interés para que la restauración se lleve a cabo. “Amigos de Lerma”, por ejemplo, es una asociación que surgió para atender problemáticas del río.  

“Estuvimos luchando por la limpieza del río Lerma y porque no había agua. Formamos un grupo y lo registramos con un notario público. En una ocasión fuimos a reclamar a Reciclagua porque quemaban los lodos y salía un humo muy tóxico; esa ocasión sí pararon,  pero pasó un tiempo y les dieron permiso nuevamente para quemar y hasta ahora siguen. En la noche es cuando lo prenden y llega hasta acá el olor”, señala Eduardo Quezada, vecino de Lerma e integrante de “Amigos de Lerma”. 

Su labor, como la de otros sectores, muestra que ha sido posible generar algunos cambios mediante la presión y organización social. Algunas campañas como la recolección de cascarones de huevo –para elaborar filtros en los pozos de agua– también han involucrado a la población y puesto el tema sobre la mesa.  

Cualquier acción, por pequeña que sea, ayuda; sin embargo, el problema principal es por las descargas de aguas residuales: mientras no tratemos todas las aguas residuales que se descargan –directas e indirectas–, el río no podrá recuperar su calidad normal. Si no se atiende el tratamiento de las aguas, cualquier cosa que hagamos será como darle una pequeña aspirina a un enfermo de cáncer. Sí le ayuda pero no resuelve el problema”, agregó el doctor Ávila.

Urgen políticas públicas que prioricen el río Lerma

La desmovilización social y el desencanto frente a la situación del río Lerma contribuyeron para que, durante cerca de 60 años, la contaminación se mantuviera sin freno.

El doctor Omar Arellano señala que en la década de los 90s se instauró un comité –o comisión– para el saneamiento del río.

“Con el presidente Zedillo se invirtió muchísimo; hay un artículo que hace el recuento y la medición de calidad del agua en distintos puntos, y se notó, con los datos que se hicieron de monitoreo, que la contaminación estaba bajando. Sin embargo, al cambio de gobierno desaparece y el río queda abandonado; ya no se dio continuidad. Lo que nos demostró es que sí se puede recuperar si tenemos planes a largo plazo”.

Además, para el doctor Arellano la restauración es posible si se va más allá de las plantas de tratamiento: 

“Se requiere una política ambiental que priorice la restauración ecológica para controlar los usos de suelo, contener la mancha urbana y la expansión industrial en regiones donde ya está rebasada la capacidad de carga. También identificar zonas de valor ecológico para que a partir de ahí se inicie una restauración, a través de un manejo de la gestión del agua y el ecosistem. Para eso se requiere mucha coordinación, no solamente del gobierno estatal, también del federal”.

Es necesario recalcar que esta política no solo deberá limitarse a las zonas aledañas al río, sino a toda la región que se mantiene interconectada. 

Sí es posible restaurarlo, pero implica tecnología, una gran inversión, el compromiso de todos los niveles gubernamentales, y el de varias dependencias, no solo las del agua, porque tenemos problemas de erosión en la cuenca, provenientes de las partes altas del nevado. Lo que descarga llega al río Lerma y eso genera el azolve; prácticamente puede captar menos agua en lluvias y por eso cuando llueve se dan los desbordamientos”, concluyó el doctor Pedro Ávila. 

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