La Taberna del León Rojo 

Peña Nieto y sus demonios Colocadas históricamente en el calendario político como antesala de la presidencial, las elecciones del Estado de México ofrecen ahora el ingrediente distintivo del interés imperioso del ocupante de Los Pinos y su grupo más cercano por mantener el control de su entidad de origen o avecindamiento, en un contexto volátil y particularmente competido, so pena de constituirse una derrota en la salida del PRI de la Presidencia de la República. Cuando Enrique Peña Nieto fue gobernante del Estado de México, adoptó una decisión a todas luces pragmática: hacer a un lado a sus cartas personales,
septiembre 4, 2016

Peña Nieto y sus demonios

Colocadas históricamente en el calendario político como antesala de la presidencial, las elecciones del Estado de México ofrecen ahora el ingrediente distintivo del interés imperioso del ocupante de Los Pinos y su grupo más cercano por mantener el control de su entidad de origen o avecindamiento, en un contexto volátil y particularmente competido, so pena de constituirse una derrota en la salida del PRI de la Presidencia de la República.

Cuando Enrique Peña Nieto fue gobernante del Estado de México, adoptó una decisión a todas luces pragmática: hacer a un lado a sus cartas personales, familiares algunas, para evitar que el presidente municipal de Ecatepec, Eruviel Ávila Villegas, escuchara la invitación a dejar el PRI y encabezar una alianza opositora.

Ahora, instalado en el poder federal, vuelve a enfrentar a sus demonios, con una baraja personal que incluye a su prima Carolina Monroy del Mazo y a otro primo, el sacrificado de hace un sexenio, Alfredo del Mazo Maza.

Cercanos a sus afectos, están el actual secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete Prida y, aunque cuestionado por lo últimamente acontecido, la visita de Donald Trump, está en la imaginaria Luis Videgaray.

El factor local, fuera de sus afectos directos, ofrece a Peña Nieto elementos que sin serle ajenos no le son radicalmente considerados como cuota personal, como el secretario General de Gobierno, José Sergio Manzur Quiroga; el presidente del comité estatal priísta, Carlos Iriarte Mercado y la senadora con licencia, Ana Lilia Herrera Anzaldo, recientemente nombrada secretaria de Educación del gobierno estatal y de quien se ha empezado a manejar la hipótesis de que es la favorita de Eruviel Ávila.

Como sucedió en 2011, el fantasma de las alianzas revolotea sobre el cielo electoral priísta, donde se suman elementos nuevos y otros no tanto, como el caso de Josefina Vázquez Mota, que se habla podría ser quien aglutinara la alianza opositor, y Alejandro Encinas, quien está buscando de nueva cuenta una alianza PRD-PAN, a tal grado que ha considerado como “factor” para ese entendimiento a Margarita Zavala Gómez del Campo, tal vez pensando en un pacto en el que Acción Nacional vaya por el máximo cargo nacional y el partido del sol azteca por el estatal.

Encinas tal vez podría ser candidato a gobernador en alianza PAN-PRD, pero ahora tendrá enfrente a Delfina Gómez Álvarez, la profesora y ex presidenta de Texcoco que ha sido postulada como virtual aspirante de Morena, en un lance estatal desde la plataforma que controla Higinio Martínez Miranda.

Como puede verse, las elecciones mexiquenses rebasan sus propias fronteras y se instalan en el plano nacional, con el 2018 como referente. Enrique Peña Nieto sabe lo que está en juego y lo que podría acabar por perder.

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