¿Y dónde está el gabinete?
En la década de los ochenta, una especie de saga de películas de comedia hizo el deleite de una generación. Es clásica aquella cinta llamada “¿Y dónde está el piloto?” – como se tituló el filme para Hispanoamérica –, que produjo y dirigió Jim Abrahams, junto con David y Jerry Zucker, y que protagonizara Leslie Nielsen, Robert Hays, Julie Hagerty, el basquetbolista Kareem Abdul-Jabbar y Lorna Patterson, entre otros.
Lo jocoso de esa comedia fue su parodia a filmes de lo que en algún momento se identificó como “cine catástrofe”: una moda en los años setenta con películas como: “Terremoto”, “Infierno en la torre” y “Aeropuerto 75”, por mencionar algunas que quizá mi generación recuerda.
Y pareciera la vuelta de ese cine-parodia-catástrofe –para usar las metáforas que me permite esta remembranza– la que representa la realidad actual, porque sigue habiendo un terremoto, un infierno en la torre, y no pocos buscan un aeropuerto 75 para abandonar el país, por las razones más disímbolas.
Se avecinan tiempos políticos que amenazan con tornarse vendavales: el aleteo de una mariposa convertido en huracán.
Todo comenzó hace unos años con el manotazo de timón lanzado desde Los Pinos, que designó un secretario general de Gobierno, un procurador –que devino en fiscal general–, una secretaria de Desarrollo Social y –poco antes– un comisionado de Seguridad Ciudadana; aleteo frágil de mariposa, que ahora empieza a tomar forma de tormenta tropical y posiciona a un “desconocido” ciudadano (por aquello de la carencia de títulos académicos) como nuevo secretario del Trabajo, sustituyendo a otra casi desconocida Alejandra del Moral Vela –cuyos nexos con Los Pinos se vinculan a Ricardo Aguilar Castillo, según conoció esta columna.
A este atisbo de tormenta tropical se sumó la renuncia de dos piezas clave del ajedrez ecatepense: Erasto Martínez y Carlos Aguilar, cercanos, cercanísimos al número uno.
Pero vamos por partes, diría este escribano.
El actual gabinete estatal está confeccionado en Los Pinos. De esa simple circunstancia se puede tener varias lecturas.
Primero: qué tan poderoso puede ser el padrinazgo del actual secretario del Trabajo (o ¬–corrijo–: de qué tamaño es la deuda política que se le tiene) que, sin grado académico ni experiencia, fue designado director general de la Protectora de Bosques (Probosque), de la que emigró al poco tiempo como delegado federal de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), no sin antes dejar en Probosque a una bisoña incondicional suya, sin despeinarse. La unción provino directamente de la Ciudad de México.
Segundo: ¿a qué obedecen los movimientos ajedrecísticos de dos hombres de confianza del Palacio de Lerdo? ¿Qué preocupación existe para mandar dos operadores cercanos –quién sabe si eficaces – a la trinchera?
Tercero: el mensaje de Los Pinos es claro: el control de la sucesión está en manos del “chalet” de Chapultepec; ello hace necesario tener ojos y oídos en el partido. Está en juego algo más grande: la sucesión presidencial.
Los movimientos se antojan naturales. En primer lugar, hay que acomodar las piezas rumbo a la jornada electoral, pero también debe prepararse el terreno –por aquello de “notentumas”, diría el clásico– para el regreso de la caballada federal, que en unos meses más quedará también desempleada.
Y en este maremágnum político, la encuesta de “El Universal”, que posiciona a Morena con un crecimiento en las incipientes preferencias y otorga un ficticio empate técnico entre la candidata de ese partido, Delfina Gómez, Alfredo del Mazo y Josefina Vázquez (en caso de que llegara a ser la candidata panista), no hace más que abonar a la entropía que circunda estos lares.
No habrá que perder de vista que es una encuesta temprana; aún no es afectada por factores como la designación formal de candidatos, o el inicio de campaña. Es un estudio demoscópico focalizado en un cierto tipo de población que no necesariamente representa a la población que pretende estimar. Falta también la pulverización del voto, a la que contribuirán los candidatos partidistas y los independientes que logren pasar a la siguiente ronda.
Tampoco debe dejar de verse que el valor predictivo de las encuestas está en entredicho. Lo sucedido en las pasadas elecciones en México (y las respectivas en Estados Unidos) son una muestra preclara de lo volátil que puede ser la conducta del electorado al momento de decidir.
Y a todo esto: ¿y dónde está el gabinete? Acaso estará más interesado en los asuntos del jefe político nacional o en la atención de la encomienda del Palacio de Lerdo. Es pregunta…
Desde esta óptica, serán los jóvenes quienes decidirán las elecciones estatal y presidencial; el voto femenino tendrá un peso específico, pero mi apuesta es que los jóvenes serán los que resolverán, para bien o mal, el próximo destino. Al tiempo.


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