Hace algunos años el concepto de la llamara Tercera Vía tomó fuerza especialmente en Europa y hubo un intento de tropicalizarlo a la realidad latinoameriacana.
Como explica Luciano Tomasinni, este concepto se utilizó en la década de los noventa en forma de eslogan para promover la renovación de la social-democracia -o de la izquierda democrática- en Europa, también se le identifica en la vertiente progresista del Partido Demócrata en los Estados Unidos; dice esta analista: “Sería una diagonal que permitiría caminar por la política mirando hacia la derecha y la izquierda, tomando un poco de mercado de la primera y conservando algo de equidad social de la segunda.”
Anthony Giddens, desarrollador de la idea, estableció que en el marco de la Guerra Fría, los socialdemócratas se autodefinieron como una tercera vía entre el liberalismo de mercado estadounidense y el comunismo soviético. Los datos históricos reseñan que el Partido Demócrata de los Estados Unidos, en su Declaración sobre el Nuevo Progresismo de 1996, sugirió que el surgimiento de nuevos mercados globales, la economía del conocimiento y la Guerra Fría, incidieron en la capacidad de los gobiernos nacionales de manejar la vida económica y suministrar beneficios sociales cuya posibilidad está en rápida expansión.
Sostenían que se requería un enfoque analítico distinto, que evitara el gobierno vertical y burocrático apoyado por la vieja izquierda y al mismo tiempo la fantasía de la derecha a desmantelar el gobierno.
En un documento que suscribieron el primer ministro británico Tony Blair y el canciller alemán Gerhard Schröeder, titulado: “Europa: La tercera vía”, se delineaba la nueva socialdemocracia; texto del cual transcribimos algunas ideas esenciales:
La socialdemocracia ha encontrado una nueva acogida, pero sólo porque, manteniendo sus valores tradicionales, ha iniciado un camino verosímil para renovar sus ideas y modernizar sus programas. También ha encontrado una nueva acogida porque defiende no sólo la justicia social sino también el dinamismo económico y la liberación de la creatividad y la innovación.
Equidad y justicia social, libertad e igualdad de oportunidades, solidaridad y responsabilidad hacia los demás: son valores comunes a todas las épocas, valores que la socialdemocracia no sacrifica nunca. Para que esos valores sean relevantes en el mundo actual se requieren políticas realistas, de futuro, capaces de estar a la altura de los retos del siglo XXI. La modernización consiste en adaptarse a las condiciones que han cambiado objetivamente, no en reaccionar ante las elecciones.
En México, ideológica y epistemológicamente no hay nada parecido a esta idea, que dialécticamente concilia las ventajas de ambas posturas; el PRI y su socavada imagen de centro-izquierda pudo haber jugado ese papel, pero está rebasado por sus nuevos idearios y personalidades.
La percepción social de que todos, absolutamente todos los gobiernos priistas han saqueado al país, es un asunto que ni el mismo candidato López Obrador podría borrar ni perdonar con todo su mesianismo.
En las últimas semanas se ha deslizado en las pláticas de café, en las redes sociales, en la expectativa de la opinión pública, en las opiniones que reflejan los medios de comunicación, una falaz idea de la Tercera Vía mexicana.
Explorar –yo le llamaría una tercera opción, no una tercera vía–, con todo y su dosis de locura, improvisación y ocurrencia, pareciera perfilarse como la decisión de una gran mayoría del electorado –aunque en mi apreciación personal, el número de indecisos puede inclinar la balanza para cualquier lado–.
He escuchado y leído expresiones de desencanto que se resignan a que, incluso, sea esa tercera opción quien llegue a seguir saqueando las arcas nacionales.
Así las cosas… difícilmente tendremos en México una Tercera Vía, una socialdemocracia de nivel del desafío que presenta administrar este país, su riqueza, y acabar con la pobreza –no a golpe de dádivas populistas– con imaginación y recursos.
CARPE DIEM
UAEM: la huelga que viene…
¿Hasta dónde llegará la aventura de la exconsejera jurídica de Eruviel en su intentona por imponer sus condiciones en su tambaleante Reforma Universitaria?
¿Le alcanza el capital político de su padrino para ser rectora seis años, en verdad lo cree?
La última y nos vamos…
Ocurrencias, ocurrencias y más… ocurrencias.
A nivel federal, el pasado jueves 26 de abril, la Cámara de Diputados aprobó la derogación del párrafo octavo del artículo 16 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, con la cual desaparecería la figura del arraigo.
Y todo esto quedaría como una mera anécdota de abogados, si no fuera porque vino a mi mente el fastuoso búnker, que se denominaría casa de arraigos que mandó construir un Procurador –de cuyo nombre no me quisiera acordar– y que ubica en la calle aledaña a la Fiscalía General de Justicia; “elefante blanco” le llaman algunos, que implicó un cuantioso derroche… perdón inversión de recursos, ¿para qué sirve?… ¡para nada!


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