“Nuestro cuerpo habla y además no miente, ¿o no Donald Trump?”
El lenguaje no verbal muchas veces comunica más que lo que decimos. Incluso hay una teoría que nos dice que únicamente el 7% del éxito de nuestro mensaje depende de lo que hablamos y el otro 93% depende de nuestra apariencia, lenguaje corporal y volumen y entonación de voz.
El mejor ejemplo que les puedo contar, es Donald Trump. Sus palabras pueden no ser del todo ciertas pero su comunicación no verbal nos dice la verdad acerca de él y de lo que está pensando. Ha empujado a un primer ministro, rechazado el saludo a la canciller alemana para una foto oficial, incomodado al Papa y miles de desplantes más hacia su esposa Melania, como dejarla caminando por detrás de él en su encuentro con los Obama. Pero para este análisis, de todo el material que nos ha regalado, me quedo definitivamente con mi favorito: la lucha de poder y autoridad con el recién electo presidente de Francia Emmanuel Macron, y que bien puede ser analizado éste último solo en otro artículo.
Trump no respeta protocolos, puede ser que ni siquiera los conozca pero tampoco le interesa hacerlo. Es conocido ya en la élite política, como una persona que cuando saluda a alguien de mano, lo jala hacia sí con fuerza como un evidente signo de imposición de su autoridad.
Pero vayamos a los dos puntos clave: el primero ocurrió el pasado 25 de mayo en Bruselas en su reunión con la OTAN. Donald venía caminando junto con otros jefes de estado cuando se toparon con Macron quien iba directo a saludarlos. A pesar de que iba directo hacia él, Emmanuel se desvió en el último momento para saludar a Angela Merkel, dejando a Trump con los brazos abiertos y francamente desconcertado. Incluso, continuó saludando a más personas, para dejar al último al presidente estadounidense. Fue evidente la molestia de Donald y Macron ganó el primer round.
El segundo ocurrió más adelante durante una recepción formal entre los dos; sentados y al momento del saludo oficial de mano para la foto, Emmanuel lo apretó fuerte y no lo soltaba. Trump intentó zafarse en dos ocasiones sin éxito. Segundo round para Macron, logró que el ademán de poder más distintivo de Donald se convirtiera en su punto más débil.
El momento fue portada de distintos medios internacionales y Emmanuel Macron declararía después: “Mi apretón de manos con él no era inocente, no era el alfa y omega de la política pero era un momento de verdad. En mis diálogos bilaterales, no dejaré pasar nada, así es como uno se hace respetar”
El lenguaje no verbal muchas veces comunica más que lo que decimos…
¡Hasta la próxima!
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