Mal, todo mal
La animadversión popular –a veces hasta irracional– hacia el candidato del PRI es la principal causa de preocupación en el equipo de campaña. Una enorme porción de los potenciales electores, por no decir la mayoría, no lo quiere. No es una cuestión personal contra Alfredo del Mazo, sino por lo que representa. Lo mejor que puede sucederle, recomiendan algunos expertos, es que se guarde para detener la caída.
Son tantas las preocupaciones alrededor del desempeño del candidato tricolor que el propio Enrique Peña está convertido en los hechos en el nuevo jefe de campaña. Él habla con los actores políticos directamente; da órdenes, dirige la estrategia, encabeza reuniones. Su equipo está volcado en el Estado de México. Hace las cosas como si no hubiera un mañana. Ganar a como dé lugar es la premisa. Parece que Peña no confía hoy en nadie y quiere hacerlo él personalmente. La desesperación es manifiesta. El presidente de la república reducido a un jefe de campaña.
Vaya paradoja: Alfredo del Mazo le debe la candidatura a Peña… pero también la animadversión popular, que lo mantiene arañando la derrota. La gente quiere cobrarle todas las facturas pendientes del primo. Las negativas de Peña son el peor lastre en su campaña.
Sí, el factor Peña le pega, pero también influye el desmadre que se traen en su campaña. Unos dicen una cosa y otros otra y terminan haciendo una muy diferente. Los mandos y los equipos están encimados, no coordinados: cada quién jala por su lado. La estructura federal, que controla el presidente, no se pone de acuerdo con la estatal –donde manda Eruviel–, y ésta a su vez choca con la del PRI, que debería dirigir Alejandra del Moral (quien tampoco entiende las señales que envía Ernesto Nemer desde la coordinación de la campaña, y no tienen mucho que ver con lo que entiende y hace Enrique Jacob como jefe de la oficina del candidato…). Es una cena de locos.
Pero quizá eso no sea lo peor, sino el análisis en conjunto de las seis encuestas realizadas hasta hoy, que advierten cómo Alfredo del Mazo no levanta; por el contrario, ha perdido un punto, pues arrancó en marzo con 26.37 y cierra abril con 25.71; Josefina sólo ha ganado un punto: inició con 21.18 y llegó a 22.30; Delfina es que la más ha crecido: empezó con 18.45 y ya va en 21.58. La tendencia es Alfredo a la baja y Delfina a la alza. Y eso que le han metido todo y con todo.
Mientras tanto en Eruvielandia
El gasto corriente del gobierno estatal superará este año la demencial cifra de 168 mil 418 millones de pesos, una fortuna para echar a andar a ese gigante corrupto, de pies de barro, en que se ha convertido la administración pública. Es una cifra grosera ante una población con tantas carencias y necesidades. Ahora sí que “gobierno rico y pueblo pobre”.
Cuando se analiza al detalle en qué gastan esas montañas de dinero, uno queda con la boca abierta al enterarse de que la nómina del gobierno ya supera los 53 mil millones de pesos al año (más o menos, cuatro mil 500 millones al mes). Para darse una idea, es mucho más de lo que pagan en Bimbo, Televisa, Telmex, Nestlé, Oxxo, Corona o cualquiera de las 25 marcas más grandes y productivas del país. Lo peor de todo es que la contraprestación de esa supernómina es muy pobre, mediocre.
Eso no es todo: es injusto, obsceno, que el Estado de México destine casi la misma cantidad para pagar intereses y amortización de pasivos a la banca privada –la mayoría extranjera– que en pensiones y jubilaciones a sus trabajadores retirados. De acuerdo con los anexos del Presupuesto de Egresos 2017, este año se pagarán cuatro mil 441 millones de pesos en intereses de la deuda pública; tres mil 732 millones en amortizaciones de créditos; dos mil 55 millones en adeudos de ejercicios fiscales anteriores; dos mil 916 millones en lo que pomposamente llaman “pagos de compromisos anteriores” –es decir, la deuda vencida–, y dos mil 341 millones para el pago de proyectos de prestación de servicios, que no son otra cosa que los grandes negocios que se hicieron con la obra pública entregada a Higa, OHL y Prodemex, entre otras. Un verdadero saqueo legalizado.
Un comentario se repite una y otra vez, entre risas cínicas, por gente cercana al candidato del PRI: “éste está peor que Duarte”. Se refieren a Eruviel. Algunos de ellos son los mismos que hace unos años se tronaban los dedos ansiosos para saber la hora en que sería removido el gobernador.


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