Lo mejor del 1,2,3 

1.- Eruviel está muy distraído en su campaña presidencial y las áreas encargadas no están pensando muy bien qué legislar y para qué. Las secuelas iniciales de la Ley Atenco, escándalo a nivel nacional, así lo dejan ver. Obligado por las críticas que provocó al dotar de poder a la policía estatal para dispersar manifestaciones sociales con el uso de fuerza, armas de fuego incluidas, el candidato-gobernador podría tener que optar, otra vez, por el recule. 2.- ¿Qué ganó con esa ley, no muy bien razonada? Aparentemente nada. Absolutamente innecesario ir por esa ruta que le trajo solo estridencias negativas.
abril 1, 2016

1.- Eruviel está muy distraído en su campaña presidencial y las áreas encargadas no están pensando muy bien qué legislar y para qué.

Las secuelas iniciales de la Ley Atenco, escándalo a nivel nacional, así lo dejan ver.

Obligado por las críticas que provocó al dotar de poder a la policía estatal para dispersar manifestaciones sociales con el uso de fuerza, armas de fuego incluidas, el candidato-gobernador podría tener que optar, otra vez, por el recule.

2.- ¿Qué ganó con esa ley, no muy bien razonada?

Aparentemente nada.

Absolutamente innecesario ir por esa ruta que le trajo solo estridencias negativas.

Le dan un toque siniestro de represor, justamente cuando está necesitado de convencer a la opinión pública que no hay mejor político que él en el PRI.

Edomex no enfrenta escenarios graves o violentos por descontento social, así que francamente fue un absurdo dificultarle un camino ya de por si lleno de vicisitudes.

Parece ser que mientras el mandatario está en actividad proselitista, el o los encargados del manejo de este tipo de temas, están jugando a las ocurrencias.

¡Lo hacen porque pueden, pero sin saber bien bien para qué!

3.- La tragedia queda ahí en la página negra que el Estado mexicano quisiera guardar para siempre.

22 civiles fueron arteramente masacrados por fuerzas castrenses, en un crimen que se intentó encubrir con el pretexto de un enfrentamiento.

Tlatlaya es un sinónimo moderno de las atrocidades envilecidas, aún más, por el retorcido criterio de usar a la justicia a conveniencia propia, sin equilibrios y saturada de impunidad.

Desde el primer momento una red de mentiras intentó ocultar una monstruosa verdad: soldados torturaron y masacraron a dos docenas de civiles que en esos momentos ya estaban desarmados y sometidos.

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