1.- Estamos ya en la primera línea de la Madre de todas la Elecciones, con la ruta y calendario ofíciales definidas por el Instituto Electoral.
Con la emisión de la convocatoria que hará el Congreso, en un plazo máximo de 10 días, abre el proceso.
Ya en el PRI la presión hace insostenible el momento.
PAN y PRD se solazan soñando su alianza.
Todos a sus puestos… ¡La guerra ya viene!
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2.- Lo único que parece definitivo, es que Luis Videgaray no será el candidato del PRI a la Presidencia del país.
Al menos no en el proceso inminente.
¿Avalará Enrique Peña que busque ser gobernador del Estado de México?
Posible, pero muy complicado.
Peña Nieto es rotundamente pragmático y sin la garantía absoluta de que Videgaray gana, no permitirá esa circunstancia.
Luis deja su privilegiada posición en la Secretaría de Hacienda, era el número 2 en la jerarquía del poder en el país, en una situación precaria.
Las encuestas, de tanto impacto en el ánimo y toma de decisiones de este tipo, no están con él.
En tres meses debe definirse quién será el abanderado, quizá poco tiempo para superar esta desventura.
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3.- Lógico, es en el escenario nacional donde se dio la sacudida inicial por el TrumpGate.
Pero ahora mismo está la urgencia de definir la ruta de Peña y el PRI en Edomex.
Videgaray tiene el pecho lleno de medallas por triunfos, todo y siempre de acuerdo a los intereses de EPN, en la lides electorales locales.
Ahí probablemente sigue siendo el más confiable operador de Enrique Peña.
No hay tiempo que perder, la definición está en ciernes.
Por lo demás, precisamente Luis Videgaray se convirtió en un impulsor definitivo de la estrategia de cuidadanizar la candidatura y dársela al más presentable para el acucioso escrutinio público.
Cuestión de sumar más positivos que negativos, tener capacidad y lealtad probada.
Un rostro nuevo, un priísta nuevo.
¿Se mantendrá en esa brecha?
¿Hacia dónde decidirá ir Peña Nieto?


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