Las decisiones más reveladoras no siempre son las que se toman, sino las que se evitan. En la política —como en la arquitectura del poder— lo ausente habla tanto como lo presente. Esta vez no preguntamos por lo que se hizo, sino por lo que se dejó de hacer, decir o incluir. Y desde ahí, dudamos.
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¿Por qué no integrarlas?
Cuando el poder decide no repartir, quizá no niega, sino que construye su propio espacio de maniobra. Tal vez la pregunta no es si debían estar, sino qué significa que no estén. ¿Es un gesto de independencia o una táctica de consolidación?
a) ¿Es posible que excluirlas sea la manera de afirmar un liderazgo que necesita probarse sin apoyos ajenos?
b) ¿Y si el gabinete compacto es una apuesta por claridad, evitando la fragmentación de visiones en el arranque?
c) ¿Se puede gobernar con la sombra de las competidoras dentro, o es más prudente mirar su influencia desde fuera?
d) ¿Hay un cálculo más profundo, esperando el momento justo para sumar sin debilitarse?
e) ¿Es esta exclusión temporal una forma de medir fuerzas y lealtades antes de abrir la puerta?
A veces, el verdadero poder no se mide por a quién se incluye, sino por la lectura que hace de lo que deja fuera.
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¿Por qué suenan esos cambios?
Toda conversación política tiene una raíz: no importa si es verdad, sino si tiene lógica. Cuando los rumores persisten, no revelan certezas, sino necesidades: algo debe moverse para que algo encaje. ¿Será que el gobierno prepara su nueva geometría?
a) ¿Por qué la figura de Trinidad Franco aparece como pieza móvil entre estructuras clave del gabinete?
b) ¿Qué reacomodo justificaría mover a Juan Carlos González Romero de lo social a lo administrativo, cuando sus cifras lo respaldan?
c) ¿Qué significa que se mencione a un alcalde como posible nuevo secretario: proyección, premio o contención?
d) ¿Es este ruido una filtración planeada para medir reacciones o una fuga de presión real desde dentro?
e) ¿Y si los movimientos no buscan eficiencia, sino estabilizar equilibrios internos que ya se están tensando?
Los rumores son la forma en que el poder tantea su propio espejo. Si lo que se dice encaja, tal vez es porque algo ya se desacomodó.
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¿Quién reina sobre los desarrollos?
En un municipio donde la expansión urbana no sigue a la necesidad, sino al privilegio, es inevitable preguntarse quién decide, qué se construye, dónde y para quién. Cuando el crecimiento parece espontáneo, tal vez responde a una voluntad más planificada de lo que parece.
a) ¿Qué redes de empresarios, exfuncionarios y servidores públicos articulan el dominio inmobiliario en Metepec?
b) ¿Quién autoriza, encubre o facilita la apropiación de tierras recién urbanizadas sin debate público ni regulación efectiva?
c) ¿Qué dimensiones económicas alcanza este fenómeno si no se limita a fraccionamientos, si no incluye plazas, vialidades y reservas estratégicas?
d) ¿Existe una figura central —visible o invisible— que opere como eje de esta convergencia de intereses?
e) ¿Qué papel juegan los gobiernos municipales, estatales y notariales en la arquitectura de legalidad que sostiene ese poder?
Cuando la tierra deja de ser territorio común y se convierte en promesa privada, lo que florece no es la ciudad, sino la captura del futuro.
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¿Todos son lo mismo?
La frase “todos los políticos son iguales” no es una crítica: es un dogma. Y como todo dogma, impide pensar. ¿Qué poder se esconde en esa consigna que iguala al corrupto con el honesto, al incompetente con el lúcido, al oportunista con el que resiste? Tal vez no es indiferencia, sino una forma de sometimiento.
a) ¿De dónde proviene esta idea de que la política es un terreno sin ética ni posibilidad, y por qué se repite tanto entre quienes nunca han disputado el poder?
b) ¿Quién se beneficia cuando la ciudadanía renuncia al juicio crítico y reduce toda la esfera pública a cinismo resignado?
c) ¿Qué papel juegan los medios, los opinadores y los algoritmos en la fabricación masiva del desencanto?
d) ¿Cuál es la calidad real de la clase política del Estado de México, y por qué sigue ganando quien menos lo merece?
e) ¿Y si la calidad de los representantes no es sino el reflejo exacto de la calidad —o el abandono— de los representados?
La peor derrota no es elegir mal, sino no creer que se puede elegir distinto. Porque cuando todo parece lo mismo, manda quién ya lo tenía planeado.
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¿Qué demonios es realmente «Médico en tu Casa»?
Un programa social que obliga a los municipios a pagar mensualmente por una póliza mínima de 10 mil beneficiarios no parece una política pública, sino una franquicia con envoltura asistencial. ¿Es salud o es modelo de negocio? ¿Es atención o es captura presupuestal?
a) ¿Por qué un servicio de salud necesita mínimo 10 mil usuarios y cuotas fijas mensuales para operar, si su lógica se supone social?
b) ¿Qué intereses diseñaron este esquema que canaliza recursos públicos de gobiernos locales directamente a una empresa privada?
c) ¿Cuál es la verdadera razón por la que se promueve en municipios del PRI, PAN y PRD: afinidad política o estructura de conveniencia?
d) ¿Cómo se audita la efectividad médica de un sistema que no rinde cuentas al sistema público, pero sí factura con puntualidad empresarial?
e) ¿Y si “Médico en tu Casa” no es más que una maquinaria de extracción presupuestal que simula atención para justificar transferencia?
Cuando la salud llega en sobres cerrados y pólizas pre firmadas, el bisturí no opera sobre el cuerpo, sino sobre el erario. Y el juramento hipocrático se convierte, otra vez, en cláusula contractual.
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A veces el poder no miente: simplemente calla. Pero el silencio también tiene estructura. Detrás de cada omisión hay un cálculo, un miedo, una apuesta. Malditas Dudas no acusa, no denuncia: interroga. Porque entender el poder empieza por preguntar lo que no se responde.


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