La semana pasada hablábamos en este mismo espacio sobre las más recientes cifras publicadas en materia de pobreza en México. Esbozamos una reflexión sobre cómo la cantidad de riqueza generada en el país podría estar al alza, pero ello no necesariamente se refleja en mejoras en la calidad de vida de las personas, pues el problema está en que no todo mundo tiene acceso a los bienes y servicios disponibles en el mercado. Hoy quisiera agregar un elemento más a esta reflexión, el cual tiene que ver con las magras tasas de crecimiento económico que tiene el país y, también, con razones por las cuales mucha gente ve limitado su acceso a los bienes y servicios necesarios para sostener su vida y por ello se mantienen en la condición de pobreza.
Resulta que esta semana la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) dio a conocer los resultados de un estudio muy importante acerca de la carga de la malnutrición en el desempeño económico de tres países: México, Chile y Ecuador. La revelación más importante en este estudio sobre nuestro país es que la desnutrición y el sobrepeso (ambas consecuencias de la mala alimentación) se han combinado para generar un impacto considerable en el Producto Interno Bruto (PIB) de México. De acuerdo con este documento, las tasas de enfermedades y mortalidad, los indicadores de aprovechamiento escolar y de rendimiento laboral que se ven impactados por la mala alimentación de las personas ya representa 2.3% del PIB. Esto, desde luego que vuelve marginales los incrementos que pudiera haber tenido nuestro PIB en los últimos años, pues ya de entrada son un descuento “de cajón”.
¿Qué quiere decir esto? Que el costo de estar desnutrido o padecer sobrepeso ya se ha convertido en un lastre para la economía nacional, debido, por un lado, al dinero que se necesita destinar anualmente al sistema de salud para atender problemas relacionados con la desnutrición o con el sobre peso; por otro lado, en función de la riqueza que se deja de generar por la ausencia laboral o un pobre desempeño productivo; y lo mismo aplica en materia educativa, en donde se supone estamos “invirtiendo” para después obtener de los estudiantes contribución en forma de trabajo productivo. Hay bajo desempeño escolar por problemas combinados de desnutrición, sobrepeso y obesidad.
El estudio aludido estima para el caso mexicano en 28 mil millones de dólares al año el costo por esta “doble carga” de la malnutrición. Explica que, si bien sigue siendo mayor el impacto en baja productividad debido a la desnutrición, es un hecho que el sobrepeso y la obesidad están creciendo a niveles importantes y generan un “efecto combinado”. La Secretaria Ejecutiva de la CEPAL lo expresó en las siguientes palabras: “La doble carga de malnutrición afecta de manera creciente a la población pobre y vulnerable, convirtiéndose así en un factor más de la desigualdad vigente en nuestra región”.
Si la semana pasada recordábamos que México tiene una sociedad profundamente desigual y que los programas gubernamentales de atención a la pobreza generalmente mantienen intocados los obstáculos que enfrenta casi la mitad de la población para acceder de modo permanente a los bienes y servicios que necesita, hoy debemos agregar que un obstáculo importante lo es cada vez en mayor medida la alimentación. Estamos malcomidos y eso es un tema de interés público, pues afecta los niveles productivos y, consecuentemente, el bienestar de toda la nación.
Según la investigación de la CEPAL, se espera que la sobrealimentación se convierta en la mayor carga social y económica de la región. Desde el año 2014 y hasta al 2078, el sobrepeso y la obesidad podrían costar un promedio de 13.000 millones de dólares al año a México. ¿Tendrán una propuesta para atender de manera efectiva este problema quienes están aspirando a gobernar? Yo quisiera escuchar ideas en este sentido.


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