Dos hechos recientes en el Estado de México volvieron a encender alertas sobre el funcionamiento de las policías municipales, con un elemento común: mandos de seguridad implicados en conductas delictivas o violentas.
En Jilotzingo, autoridades estatales detuvieron a diez personas, entre ellas seis policías municipales y el comisario de Seguridad, por su presunta participación en el robo con violencia de un tractocamión. Durante el operativo también fue detenido el director de Seguridad Ciudadana, señalado por intentar sobornar a los agentes estatales para evitar la captura de sus subordinados. En el lugar se aseguraron patrullas oficiales, armas, cartuchos útiles, teléfonos celulares y la mercancía robada.

Para tener contexto: Detienen a policías en Jilotzingo y surge choque de versiones
En Xalatlaco, un video difundido en redes sociales mostró a un hombre identificado como presunto subdirector de la Policía Municipal agrediendo a una mujer dentro de un domicilio. Las imágenes, en las que se observa a la víctima intentando huir mientras es golpeada, generaron indignación pública por tratarse de un mando en funciones.
Los hechos no son aislados. En meses recientes, otros casos han involucrado a responsables directos de la seguridad municipal en delitos graves.
En Texcaltitlán, el director de Seguridad Pública municipal se suicidó al momento de ser notificado de su detención, durante un operativo contra funcionarios presuntamente vinculados con el crimen organizado.
En Nicolás Romero, un excomisario de Seguridad Pública fue sentenciado a 150 años de prisión por secuestro exprés con fines de robo y extorsión.

En Tlatlaya, el exdirector de Seguridad Pública municipal recibió 50 años de prisión por el mismo delito.
En Tultitlán y Coacalco, policías municipales con responsabilidades operativas fueron procesados por su presunta participación en homicidio y extorsión, en contextos vinculados a la venta de droga.
En municipios como Acambay, Aculco y Coatepec Harinas, operativos recientes han derivado en detenciones de funcionarios municipales por delitos como extorsión, desaparición forzada y secuestro exprés.
De forma más amplia, la llamada Operación Enjambre ha acumulado detenciones y sentencias contra funcionarios municipales vinculados con actividades delictivas, en una red que involucra áreas de seguridad pública.
La recurrencia de estos casos en distintos municipios y bajo gobiernos de diferente signo político introduce una constante: quienes ocupan posiciones de mando en las corporaciones aparecen implicados en delitos o conductas que vulneran la función que deberían cumplir.
El dato relevante no es únicamente que existan policías involucrados en delitos, sino que los encargados de dirigir, supervisar y tomar decisiones dentro de las corporaciones aparezcan en esas conductas. En ese punto, el problema deja de ser individual y se ubica en el nivel del sistema.
Las implicaciones son directas: mandos con acceso a información, recursos y capacidad de decisión pueden comprometer la operación policial, facilitar el uso de recursos públicos para fines ilícitos y generar redes de protección en el ámbito local. A nivel social, la consecuencia es la erosión de la confianza en la autoridad más cercana.
La acumulación de casos desplaza la discusión del hecho aislado a una pregunta estructural: qué está fallando en los procesos de selección, control y supervisión de los responsables de la seguridad municipal.
Los episodios recientes no abren únicamente investigaciones.
Funcionan como indicadores de un sistema que, en distintos puntos, muestra señales de vulnerabilidad.
Te puede interesar: Suman 9 policías asesinados en Edomex en lo que va de 2026


Síguenos