Hace algunos ayeres, en las instalaciones de Metepec, un niño llamado Marcel Alejandro Ruiz Suárez posaba sonriente, sin saber que ese día marcaría el inicio de una historia circular.
Visitó el museo del Toluca, admiró los trofeos y siguió su camino con el balón entre los pies. Aquel recorrido inocente lo regresaría años después, pero no como visitante: como parte de la historia.

Antes de ser Gallo, salió del cascarón
Su andar en el fútbol comenzó en Venados, en su natal Yucatán. Un visor de Querétaro lo descubrió, y Marcel se mudó para integrarse a las fuerzas básicas de Gallos Blancos. Como Orbelín Pineda antes que él, demostró tener algo especial.


Debutó en Primera División un 20 de julio de 2018 contra Atlas. Tenía apenas 17 años, y aunque fue la regla 20/11 la que aceleró su aparición, su talento justificó de sobra su permanencia. Poco después se estrenó como goleador ante Pumas.

Niño maravilla
En ese Apertura 2018, sus números eran de crack: 83% de precisión en pases, 32 balones recuperados, goles, asistencias… Y sobre todo, temple. Su nombre ya sonaba entre los entendidos. Estaba llamado a cosas grandes.
Pero el reflector aún no le llegaba de lleno. Lejos de los clubes “grandes”, Marcel maduró en silencio, lejos del ruido, desarrollando su juego con disciplina.

De Gallo a Xolo
En 2020, como parte de los intercambios frecuentes entre equipos de Grupo Caliente, pasó a Xolos de Tijuana. Ahí creció aún más, aunque su rol fue más contenido: 2 goles en 46 partidos. Lejos de los números, su evolución era evidente. El siguiente paso estaba por llegar.

El regreso a casa
Para el Apertura 2022, Toluca lo anunció como refuerzo. Y lo hizo con un video que tocó la fibra de los aficionados: la foto del niño Marcel con la camiseta escarlata se convertía en profecía. El club que alguna vez visitó como fan, ahora lo recibía como jugador.
Llegó con 21 años, joven pero con experiencia, y se convirtió en una de las piezas clave del proyecto de Nacho Ambriz. Inteligente, fino, carismático. Su fútbol transmitía esperanza.


La primera final
Ese mismo torneo, los Diablos alcanzaron la final. Marcel era parte de un equipo que enamoraba por su juego. Derrotaron a Juárez, Santos y América, hasta plantarse ante Pachuca. La imagen de Marcel con lágrimas en los ojos antes de la ida conmovió a muchos: era el sueño del niño, a un paso de cumplirse.
Pero el fútbol también enseña. El Diablo fue masacrado por el Tuzo. La gloria tendría que esperar.

Volver a intentar
Pasaron algunos torneos más. Con Nacho quedaron en cuartos; luego, el equipo ni siquiera clasificó. Ambriz salió, pero Marcel se mantuvo. Con apenas 22 años, ya lo consideraban para ser capitán. Su entrega lo ponía por encima de su edad.
En 2023, llegó su primera convocatoria a la Selección Mayor. Diego Cocca no pudo ignorarlo. Marcel lloró, otra vez, ahora por vestir la verde.

Las cicatrices también se celebran
En el Apertura 2024 vivió uno de sus peores momentos: autogol contra América, en el Nemesio, en una eliminación dolorosa. Pero no bajó los brazos. El Clausura 2025 le daría revancha.
Bajo el mando del “Turco”, el Toluca armó un equipo sólido. Marcel fue pieza fundamental: 2 goles, 6 asistencias en fase regular, 3 más en liguilla. Ya no era promesa, era campeón.

No fue estrella fugaz. Fue constancia
Con 24 años, centrado, amante de los Legos, fan del Barça, Marcel no brilla por redes ni escándalos: brilla por lo que hace en la cancha. Es, sin dudas, uno de los futbolistas jóvenes más prometedores del país, y su siguiente destino parece estar claro: Europa.
Ahora disputará la Copa Oro, esta vez convocado por Javier Aguirre. Ya no hay manera de ocultar su talento.
Si se va, Toluca lo extrañará. Pero también lo aplaudirá. Porque el niño que se puso la del rojo un día en el museo, ahora luce una medalla de campeón. Y su historia apenas empieza.


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