Marchar por el orgullo de lo que somos

Han pasado 47 años desde los disturbios de Stonewall, aquellos que originaron el movimiento por la diversidad sexual en el mundo. 47 años marcados por represión, protestas, miedos, rencores, sudor, gritos de exigencia, lágrimas, sangre, valentía, amor, libertad y orgullo. Orgullo por defender lo que sé es: gay, lesbiana, bisexual, travestí, transexual, transgénero. Durante este tiempo, pasamos de ser considerados pecadores a enfermos mentales. Transitamos de la enfermedad a la inocua aceptación; de las razzias al matrimonio igualitario; de los cuartos oscuros al “dinero rosa”. Hemos cambiado. Ganamos derechos, pero no son todos, ni son suficientes. Vivimos en islas de
junio 23, 2016

Han pasado 47 años desde los disturbios de Stonewall, aquellos que originaron el movimiento por la diversidad sexual en el mundo. 47 años marcados por represión, protestas, miedos, rencores, sudor, gritos de exigencia, lágrimas, sangre, valentía, amor, libertad y orgullo. Orgullo por defender lo que sé es: gay, lesbiana, bisexual, travestí, transexual, transgénero.

Durante este tiempo, pasamos de ser considerados pecadores a enfermos mentales. Transitamos de la enfermedad a la inocua aceptación; de las razzias al matrimonio igualitario; de los cuartos oscuros al “dinero rosa”. Hemos cambiado. Ganamos derechos, pero no son todos, ni son suficientes. Vivimos en islas de libertades que no alcanzan todo el país, ni todo el mundo. 74 países condenan la homosexualidad y  siete la castigan con pena de muerte.

En 1979, cuando se realizó la primera marcha del orgullo lésbico-gay en México, en conmemoración por la masacre del dos octubre del 68, se exigía que las extorsiones policiacas contra el colectivo se detuvieran. Nancy Cárdenas, Juan Jacobo Hernández, Xabier Lizarraga, José María Covarrubias, Carlos Monsiváis y otros héroes sin nombre gritaban respeto, exigían libertad. Buscaban ser tratados como ciudadanos, no como delincuentes. Sus voces empezaron a derrumbar el clóset mexicano.

De la protesta férrea pasamos a la celebración, es necesario reconocerlo. No todos marchan para exigir derechos civiles, muchos lo hacen para dar rienda suelta a la expresión corpórea de la identidad, del deseo. Todas son comprensibles y ninguna debe ser sometida a escrutinio. Cada una expresa motivo para enaltecer la libertad individual y colectiva

 ¿Qué importa si es semidesnudo, con pancartas, arriba de un carro alegórico o de traje? ¿Acaso uno lo convierte en mejor o peor  que otro? ¿Vale menos alguien que asiste disfrazado a uno que no lo hace? ¿Es justificable denostar la marcha como carnaval? ¿Por qué todo debe regirse por la heteronormatividad y la moral? ¿No que la comunidad LGBTTTI es muy liberal?

Y esto, lo decimos porque cada año surgen comentarios que califican de “exhibicionistas”, “promiscuos” y “degenerados” a todos aquellos que asisten a la marcha. De nuevo, la homofobia, externa e interna, que fustiga a cuanto gay o lesbiana se cruza en su camino. Se critica a los homosexuales por marchar en “paños menores”, pero no a los demás manifestantes que lo hacen desnudos, por cuanta causa social se demande. Otra vez, somos ciudadanos sin los mismos derechos, de nuevo somos personas de segunda clase.

Lo que no es congruente es tratar de coartar los derechos de terceros, por simples caprichos o valores morales individuales. Está bien pensar diferente y expresar nuestra opinión al respecto, sin embargo, para lo que no hay cabida es para la homofobia porque si lo hacemos nuestros discursos no son tan diferentes a los que pronuncian a diario contra nosotros las palabras de “joto” o “marimacha”.

No es momento de promover más odio o estigmas. Nos basta con lo que ya hacen los líderes religiosos, los políticos o las asociaciones conservadoras para que la comunidad LGBT le “eche más leña al fuego”. Seamos congruentes. Hoy, el odio y el miedo nos quieren regresar al clóset. No lo permitamos. 47 años nos ha costado derribarle astillas para que ahora se las queramos resanar.

Hoy se necesita valentía, no odio. Se requieren manos que luchen, no voces que dividan. Se convierte en menester marchar por los que somos, por aquellos que viven en la penumbra del clóset, por las víctimas de los crímenes de odio, por los que a diario sufren y sufrimos discriminación, acoso y violencia. Sí, hace falta mucho por conquistar, pero como espectadores no cambiaremos nada.

Marchemos por la exigencia de los derechos, para recordar nuestra historia, para celebrar los logros alcanzados. Marchemos contra el odio, por la diversidad, por el amor, por Orlando y por Xalapa.  Marchemos para hacerles saber a quienes nos quieren callar, que no somos una minoría. Marchemos por defender y expresar lo que somos: gays, lesbianas, bisexuales, travestís, transexuales, transgénero.

Esperamos verte en la Marcha del Orgullo LGBTTTI en el Ángel de la Independencia de la Ciudad de México. Gracias por leernos y escribirnos tus comentarios en Twitter a @FDCRadio

 

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