Megaciudades  

El desarrollo de grandes ciudades representa un éxito económico, pero también significa problemas sin resolver y un camino que puede tener tanto ventajas como dificultades, muchas de ellas de tipo comercial. Algunos estudios actuales sugieren observar las grandes metrópolis y sus problemas, y escarbar en cómo será el futuro en ellas. Muchos entendidos indagan sobre los elementos comunes entre esas urbes, hasta el punto de cuanto se identifican más entre ellas, independientemente de la geografía, que con el resto de las villas de cada país donde están. Esa comparación apunta a lugares como Nueva York, Londres, Shanghái, que para algunos
febrero 23, 2016

El desarrollo de grandes ciudades representa un éxito económico, pero también significa problemas sin resolver y un camino que puede tener tanto ventajas como dificultades, muchas de ellas de tipo comercial.

Algunos estudios actuales sugieren observar las grandes metrópolis y sus problemas, y escarbar en cómo será el futuro en ellas.

Muchos entendidos indagan sobre los elementos comunes entre esas urbes, hasta el punto de cuanto se identifican más entre ellas, independientemente de la geografía, que con el resto de las villas de cada país donde están.

Esa comparación apunta a lugares como Nueva York, Londres, Shanghái, que para algunos representan una especie de Estados-Nación.

Precisamente, esa es la mirada de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que identifica a las megaurbes como poblaciones y economías más grandes que muchos países en particular, de ahí el marcarlas como Estados-Nación.

Los desafíos son similares a los de los países en su conjunto, con los temas de transporte, vivienda, seguridad, empleo, migración o educación.

En un informe sobre las tendencias mundiales que afectan a la educación, la OCDE señala que las ciudades podrían aprender de las experiencias de cada una de estas grandes villas, experiencias imposibles en el plano de la política nacional.

Alude a que en esas grandes urbes existen más plazas laborales, pero a su vez más desempleo, en una fórmula un tanto desequilibrada.

Para el director de educación de la OCDE, Andreas Shleicher,  cuando se habla de países, se apunta hacia lo que separa como el idioma y la cultura, pero al tratarse de las megaciudades, se enfrentan retos muy similares.

Se trata de un complejo engranaje que los especialistas estudian de cara al futuro, debido a las inmensas concentraciones de personas que viven en un espacio pequeño, con sus correspondientes ventajas y desventajas, a menudo dos caras de la misma moneda.

LUGARES PARA OBSERVAR Y COMPARAR 

En las megaciudades existen sistemas de transporte desarrollados, pero también se presenta hacinamiento en la medida en que esos sistemas luchan por satisfacer la demanda.

Las modernas megaciudades son lugares altamente conectados, pero con grupos de personas que se sienten peligrosamente desconectados, señala la OCDE.

Coinciden sus investigadores en que esos temas pueden ser escarbados a nivel de tales conglomerados para luego ver cómo mejorarlos en el resto de las urbes y en los países, sobre todo los más pobres.

El brillo de las luces, la economía y la innovación atraen a la gente, lo que lleva a presiones adicionales sobre la vivienda y los servicios, así como a discusiones sobre los niveles de migración.

Por tanto, los estudios de la OCDE sobre las megaciudades precisamente apuntan a propuestas para resolver tantos problemas internos de ellos como en otras urbes; es decir, aplicar las experiencias.

Hablan en sus informes de tener luces para la solución en el mundo de asuntos tan acuciantes como es el caso del hambre y la pobreza, y las necesidades de atención sanitaria.

Indican esos expertos que cuando se menciona seguridad, terrorismo o radicalización no vienen a la mente aldeas de Reino Unido o Francia, sino las grandes metrópolis, y de hecho es en esos espacios donde ocurren las mayores desgracias, en ese sentido.

Las cifras de la OCDE muestran cómo la actividad económica de las zonas metropolitanas representa una fracción desproporcionada de la riqueza nacional.

En datos a partir de los estudios citados, se señala que en Francia y Japón, el 70 por ciento del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 2000 a 2010 se atribuyó a sus grandes ciudades.

Por demás, existen proyecciones de urbanización para las megaciudades, lo que inclinará más la balanza en el futuro hacia esas denominadas Ciudades-Estado.

Es el caso incluso de que Ciudad de México, Nueva Delhi, Shanghái y Tokio ya tienen poblaciones por encima de los 20 millones de personas, más que la mayoría de los países europeos.

El informe también muestra cómo las ideas se extienden entre las grandes villas y lo mucho que llegan a parecerse entre sí.

Recuerda el estudio que en una época solo existía el metro de Londres, que inició sus operaciones en la década de 1860, cuando toda la población de la Gran Bretaña no era mucho mayor que la de Shanghái.

Sin embargo, ahora existen 100 de estos medios de transportes en 27 de los países miembros de la OCDE, que forman parte de estructuras muy urbanizadas. Otros datos aportados señalan que los sistemas de alquiler de bicicletas, iniciados en Copenhague (Dinamarca) en 1995, se extendieron en 20 años a más de 600 ciudades en todo el mundo, y el más grande está ahora en China, cuando en Hangzhou ruedan unas 80 mil bicicletas alquiladas.

Otro de los tantos en el estudio está dado porque estas urbes modernas son intensamente internacionales, donde la característica fundamental está en una mezcla de culturas de quienes las habitan, flujo rápido de dinero, ideas y modas, de ahí el ojo de los expertos sobre estos escenarios.

La OCDE plantea la pregunta acerca de si esas ciudades son ahora el más significativo ejemplo de gobierno, lugares lo suficientemente pequeños como para reaccionar con rapidez y responder a los problemas, y suficientemente grandes como para detentar el poder económico y político.

Fundada en 1961, la OCDE agrupa a 34 países miembros y su propósito es promover políticas que mejoren el bienestar económico y social de las personas alrededor del mundo.

A esta institución pertenecen Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Chile, Surcorea, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Islandia, Israel, México, Noruega, Nueva Zelanda, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido y República Checa, España, Italia, Suecia, Estados Unidos, Japón, Suiza, Eslovenia, Luxemburgo y Turquía.

En proceso de adhesión se encuentran Rusia, Colombia y Letonia, mientras en 2015 comenzaron las conversaciones para unirse Costa Rica y Lituania. Además, lleva colaboración con Brasil, China, India, Indonesia y Suráfrica, y con otras 60 naciones.

 

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