¿Se le viene a México un futuro con menos mexicanos? Muy probablemente, porque ya tenemos un par de años con la tasa de natalidad ubicada en 1.8. Eso significa que estamos por debajo de la “tasa de reemplazo generacional”. Me explico: según los estudios demográficos, es necesario que cada mujer en edad reproductiva tenga un promedio de 2.1 hijos para garantizar el reemplazo poblacional de un país. Hoy en México ese promedio de fecundidad es de 1.8.
Garantizar que cada generación dé vida a su reemplazo es el modo más simple de ver la sostenibilidad de una nación. Se calcula así: dos personas procrean y se necesitarían al menos dos hijos para que sean su reemplazo poblacional. Se le agrega un punto decimal (para quedar en 2.1 la tasa). Porque no todos los niños nacidos llegan a la edad reproductiva. Tomando en consideración que no nacen el mismo número de mujeres y de hombres.
¿Siempre fue así?
Durante décadas, nuestra tasa de fecundidad era mucho más alta. No es difícil recordar los programas de planificación familiar que alentaban a moderar la cantidad de hijos que se traían al mundo. Y es que, cuando la tasa de fecundidad es muy alta y la economía poco dinámica, se ejerce mucha presión sobre los recursos disponibles. No obstante, ya desde hace algunos lustros se apreciaba una clara tendencia a la baja en el promedio de hijos por cada mexicana. Bueno, pues hoy estamos por debajo de lo que los estudiosos de la población calculan como necesario para mantener por lo menos estable el número de habitantes de un país.
Hay que hacer algunas aclaraciones antes de aventurar que vamos de manera inevitable al “achicamiento” de la población. El cálculo que ya referimos se hace considerando una población “cerrada”. Es decir, sin intercambios migratorios considerables y sin mortalidad en exceso por causas como la violencia o una pandemia. Ello no necesariamente aplica para nuestro país, pues sabemos que nuestro país tiene un grave problema de violencia que acaba con miles y miles de vidas cada año y eventos como la anterior pandemia de Covid-19 trajo una mortalidad en exceso que nos ubicó en los primeros lugares dentro del conjunto de países del mundo.
Tal vez te interese: ¿Sirvieron los “abrazos”?
Del mismo modo, por décadas hemos sido un país expulsor de migrantes, pero, de unos años para acá, también recibimos a millones de personas de otras nacionalidades. Sobre todo en algunas regiones, ya todos conocen a un haitiano, un venezolano, un cubano, un guatemalteco o un “gringo”, viviendo cerca su casa. Se estima que actualmente hay, al menos, 1.5 millones de personas no nacidas en México, pero que viven en territorio nacional. Estos números son los que registra el INEGI y, de acuerdo con la tendencia que los censos reflejan, cada año se suman casi 50 mil personas migrantes a nuestra masa poblacional.

Lo anterior significa que muy difícilmente nos tocará a nosotros ver que el país se quede sin habitantes, pero un buen número de ellos ya no será nacido en México. Esta es una tendencia que ya se observa de forma muy clara en países europeos que, sin los migrantes que arriban a sus territorios, no podrían sostenerse, poblacionalmente hablando.
Como quiera que sea, el dato de la disminución de la tasa de fecundidad en el país debe tomarse en cuenta cada que se haga planeación y se impulsan escenarios proyectivos. Como sociedad, estamos avanzando en la ruta de transformación de la pirámide poblacional, el envejecimiento, la postergación de la maternidad, la modificación de los estilos de vida y las trayectorias de las nuevas generaciones, la migración, entre otros factores nos anuncian un futuro en el que la sociedad mexicana será más diversa y con nuevas necesidades.


Síguenos