Las señales que anticipan la batalla por el poder en Morena

En esta edición de Se Dice Que damos una lectura sobre la ruta de Higinio para alcanzar el Senado y el análisis del desgaste interno de Morena por el oportunismo político local
julio 24, 2026

■ La fe como pretexto: Higinio y Margarita juntos

Higinio y la presidencia del Senado

Ariel Juárez y la crisis de Morena

Ciro Reyes y el neomorenismo

El retardo del patriarcado político


La fe como pretexto: Higinio y Margarita juntos

La política suele utilizar instituciones con capital simbólico para construir interlocuciones que todavía no puede establecer de manera abierta. La coincidencia pública entre Higinio Martínez y la gobernadora Margarita Zavala trasciende el protocolo religioso y adquiere significado por el momento político que viven ambos actores. En ese contexto, la fe deja de ser únicamente una expresión espiritual para convertirse en un escenario de comunicación política. Las imágenes importan porque anticipan relaciones de poder. La pregunta ya no es qué ocurrió, sino qué comenzó a construirse.


Higinio y la presidencia del Senado

La decisión de Higinio Martínez de trasladar su operación política del Estado de México al Senado rebasa una aspiración personal. La presidencia de la Cámara Alta representa una plataforma nacional desde la cual puede ampliar su capacidad de negociación e influir en la definición de candidaturas rumbo a 2027. La incógnita consiste en determinar si esta estrategia fue consensuada con la dirigencia nacional de Morena y con la Presidencia de la República, o si responde a una táctica de presión para modificar la correlación de fuerzas dentro del partido. En política, las posiciones nacionales suelen utilizarse para resolver disputas locales. El Senado puede terminar siendo menos un destino que un instrumento.


Ariel Juárez y la crisis de Morena

La fortaleza de un partido no se mide por las elecciones que gana, sino por su capacidad para seleccionar, evaluar y depurar a sus propias élites. Ariel Juárez se ha convertido en un caso paradigmático. Después de perder Cuautitlán para Morena, de acumular un profundo desgaste político y una reputación pública severamente deteriorada, hoy pretende regresar como candidato mientras acusa, sin presentar una sola prueba, de corrupción a la alcaldesa de su propio partido. El problema rebasa al personaje. Cuando una organización mantiene vigentes cuadros políticamente impresentables, el desgaste deja de ser individual para convertirse en institucional. Ninguna oposición resulta tan eficaz como las élites que un partido se niega a renovar. La verdadera depuración pendiente de Morena no es ideológica; es la de sus propias élites.


Ciro Reyes y el neomorenismo

La fortaleza de un partido no depende únicamente de depurar a las élites que lo degradan, sino también de impedir que el oportunismo las reemplace. Ciro Reyes representa ese neomorenismo que busca convertir a Morena en una vía de blanqueamiento político y reputacional. Con escasa o nula trayectoria dentro del movimiento y una reputación pública ampliamente cuestionada en el ejercicio de su profesión, hoy pretende convertirse en candidato a la alcaldía de Lerma, presuntamente con el beneplácito de LuzMa Hernández. El problema no es el derecho de cualquier ciudadano a participar en política, sino la ausencia de filtros para distinguir entre perfiles que fortalecen al partido y quienes buscan utilizar su marca para rehabilitar su imagen. La degradación de Morena no solo proviene de las élites que conserva; también de los oportunistas que decide incorporar.


El retardo del patriarcado político

El oportunismo ideológico resulta más preocupante cuando intenta resucitar ideas que la sociedad ya había superado. Javier Albarrán volvió a poner en circulación la vieja tesis ultraconservadora del voto familiar ejercido a través del varón, una visión incompatible con décadas de avance democrático y de igualdad política. Que semejante planteamiento apenas haya provocado reacción en un Estado de México que eligió a su primera gobernadora, donde la UAEMéx tiene por primera vez una rectora, el IEEM está integrado exclusivamente por mujeres y el movimiento feminista ha marcado la agenda pública durante años, constituye una señal preocupante. El problema no es solo quien sostiene esas ideas, sino la normalización social que las vuelve tolerables. El verdadero retardo no es el de un político; es el de quienes todavía creen que el poder puede ejercerse con los códigos de un país que ya dejó de existir.

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