México tiene nuevo cardenal

El Papa Francisco elevó hoy al cardenalato al arzobispo mexicano de Morelia, Michoacán, Alberto Suárez Inda, durante una ceremonia en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Durante el Consistorio, 19 nuevos cardenales de varios países prometieron y juraron permanecer para siempre y “hasta que tendrán vida”, fieles a Cristo y a su evangelio, a la Iglesia católica y a la figura del pontífice. “Juro no manifestar a nadie cuanto me será confiado custodiar y cuya revelación podría llevar daño o desentonar en la santa Iglesia, de desarrollar con gran diligencia y fidelidad las tareas a las cuales estoy llamado,
febrero 14, 2015

El Papa Francisco elevó hoy al cardenalato al arzobispo mexicano de Morelia, Michoacán, Alberto Suárez Inda, durante una ceremonia en la Basílica de San Pedro del Vaticano.

Durante el Consistorio, 19 nuevos cardenales de varios países prometieron y juraron permanecer para siempre y “hasta que tendrán vida”, fieles a Cristo y a su evangelio, a la Iglesia católica y a la figura del pontífice.

“Juro no manifestar a nadie cuanto me será confiado custodiar y cuya revelación podría llevar daño o desentonar en la santa Iglesia, de desarrollar con gran diligencia y fidelidad las tareas a las cuales estoy llamado, según las normas del derecho”, pronunciaron.

Luego el Papa pasó a imponer el birrete cardenalicio a cada uno de los nuevos “príncipes de la Iglesia”, que fueron pasando ante él y se arrodillaron, frente al altar mayor de la Basílica.

Francisco les advirtió que el color rojo del birrete demuestra que ellos deben estar “listos a comportarse con fortaleza, hasta la efusión de la sangre, para el incremento de la fe cristiana, por la paz y la tranquilidad del pueblo de Dios”.

Además les otorgó, el anillo correspondiente, para que el mismo les refuerce su amor hacia la Iglesia y les entregó la “diaconía”, es decir el título correspondiente a una parroquia en Roma, porque como cardenales ahora ellos forman parte del clero de la “ciudad eterna”.

En el Consistorio reapareció en público el Papa emérito Benedicto XVI, quien estuvo vestido con un saco blanco y se sentó en primera fila, pero a un costado de los nuevos cardenales. A él no se le reservaron sitios de honor o protocolos especiales.

El arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda, en cuestión de meses pasó del inminente retiro a ser “príncipe de la Iglesia”.

“Usted ya se nos quiere ir, pero yo le pido: ¡Aguante!”. Esas fueron las palabras del pontífice al arzobispo michoacano en mayo de 2014.

Entonces Suárez Inda no tenía ni idea de la decisión que tomaría el jerarca de la Iglesia Católica. Pocos meses antes, el 30 de enero, el prelado mexicano había presentado su renuncia al cumplir la edad de jubilación obligatoria de los obispos, 75 años, según establece la ley de la Iglesia Católica.

En ese momento, no se imaginó que 12 meses después, el 4 de enero de 2015, el Papa iba a anunciar su designación como cardenal.

Ese día, al finalizar la bendición dominical con el Angelus, asomado a su estudio personal en el Palacio Apostólico y ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro, Francisco dio a conocer los nombres de los 20 cardenales que él mismo consagrará mañana sábado.

Quienes lo conocen, indican muchas similitudes con Francisco, entre otras el estilo afable y cercano al pueblo, su espiritualidad, su personalidad de pastor y además el hecho que ambos ya estaban de salida en sus puestos cuando fueron llamados a responsabilidades mayores.

Su elevación al cardenalato ha sido una sorpresa, no sólo porque el arzobispo michoacano ya estaba de salida sino también porque proviene de una arquidiócesis de México que nunca antes había tenido un “príncipe de la Iglesia”.

Nacido en Celaya (Guanajuato), el 30 de enero de 1939, su elección por parte del Papa ha sido considerada como un gesto de cercanía no sólo con el pueblo mexicano, sino también con una zona del país golpeada por la violencia.

En 1953 Suárez Inda ingresó al Seminario Diocesano de Morelia, Michoacán, donde cursó Humanidades y cinco años más tarde viajó a Roma donde estudió Filosofía y Teología en la Universidad Gregoriana, como alumno del Colegio Pío Latino Americano.

Ordenado sacerdote en Celaya, Guanajuato, el 8 de agosto de 1964, se desempeñó como maestro del Seminario, como vicario parroquial en Morelia y luego como Párroco en su natal Celaya.

Ocupó el puesto de rector del Seminario de la recién creada Diócesis de Celaya de 1974 hasta 1985, en que fue electo Obispo de Tacámbaro, diócesis de la cual tomó posesión el 20 de diciembre de dicho año. Participó en la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo y en el Sínodo de América; fue presidente de la Comisión Episcopal de la Previsión Social del Clero y presidente de la Comisión Episcopal del Clero por dos trienios.

Juan Pablo II le nombró como el octavo arzobispo de Morelia el 20 de enero de 1995. Además se desempeñó como vicepresidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano por dos periodos, entre 2004 y 2009.

Fue también presidente de la Comisión del Episcopado para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana. La elección del arzobispo de Morelia fue una sorpresa también porque, con ella, el Papa relegó a la arquidiócesis mexicana de Monterrey que era históricamente cardenalicia y cuyo pastor, Rogelio Cabrera López, no ha accedido al birrete púrpura.

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