Barcelona.— La cumbre progresista en Barcelona reunió este fin de semana a líderes de gobiernos de Europa y América Latina con un diagnóstico común: la democracia enfrenta presiones crecientes por la desigualdad, la desinformación y el avance de la ultraderecha.
En su intervención, la presidenta sostuvo que la democracia debe responder a las necesidades sociales y defendió un modelo basado en bienestar y cooperación internacional. También se pronunció contra la intervención militar en otros países y llamó a fortalecer el multilateralismo como vía para resolver conflictos.

La participación de México incluyó un acercamiento con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en el primer encuentro de alto nivel entre ambos gobiernos en años recientes. Tras la reunión, la presidenta afirmó que “no hay una crisis” en la relación bilateral, en referencia a las tensiones diplomáticas de los últimos años.
La cumbre —que reunió a mandatarios como Luiz Inácio Lula da Silva y Gustavo Petro— giró en torno a tres ejes: defensa de la democracia, combate a la desigualdad y regulación del poder de las grandes plataformas digitales.
Pedro Sánchez llamó a pasar de los posicionamientos políticos a acciones concretas para proteger las instituciones democráticas. En la misma línea, otros participantes advirtieron sobre la influencia de la desinformación y la concentración de poder económico en la estabilidad política.

Entre los acuerdos y planteamientos, los gobiernos coincidieron en la necesidad de reforzar la cooperación internacional y construir respuestas comunes frente a los retos globales.
La propuesta de México para albergar la cumbre de 2027 abre la puerta a que el país tenga un papel más activo dentro del bloque progresista internacional, en un momento marcado por la polarización política y la disputa por el modelo de desarrollo.


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