Durante décadas, el Poder Judicial mexicano habitó un territorio extraño: el de la invisibilidad.
No necesitaba agradar. No necesitaba explicar. No necesitaba convencer. Bastaba dictar sentencias desde edificios solemnes donde el lenguaje jurídico funcionaba muchas veces como un muro y no como puente.
La reforma judicial alteró esa lógica.
Ahora los jueces hacen campaña. Hablan frente a cámaras. Recorren colonias. Abren redes sociales. Descubrieron algo incómodo para una burocracia acostumbrada al silencio: la justicia también necesita legitimidad pública.
En el centro de esa transición aparece Héctor Macedo.
Un personaje singular dentro del sistema mexiquense. No llegó desde la política partidista ni desde grandes despachos privados. Llegó desde abajo. Literalmente.
Comenzó como mecanógrafo en 1992 y terminó convertido en presidente del Poder Judicial del Estado de México.
Eso le otorga algo raro en las estructuras públicas mexicanas: conocimiento total del aparato que hoy intenta transformar.
La pregunta inevitable era brutalmente simple:
¿La justicia mexiquense hoy es mejor que antes?
Macedo no esquivó la respuesta.
“No podría afirmar categóricamente que la justicia se ha transformado en ocho meses.”
La frase importa precisamente porque contradice el discurso triunfalista que suele acompañar a las reformas institucionales en México.

La justicia lenta también es violencia
Macedo habla como alguien que conoce el desgaste interno del sistema. No romantiza. No promete milagros inmediatos.
Reconoce sobresaturación, rezago, parálisis legislativa y resistencia burocrática al cambio.
Pero hubo un momento particularmente revelador cuando definió el principal problema estructural del Poder Judicial:
“La lentitud de los procesos mata la esperanza.”
La frase tiene profundidad filosófica y política.
Porque una sentencia que tarda años en llegar puede terminar pareciéndose demasiado a la injusticia.
El presidente del Tribunal explicó que muchos cambios simplemente no pueden ejecutarse debido al bloqueo normativo derivado del Código Nacional de Procedimientos Civiles, cuya implementación se ha retrasado hasta 2027 o incluso 2030.
Mientras tanto, el sistema sigue operando bajo inercias jurídicas y administrativas que ralentizan todo.
Y ahí aparece quizá el verdadero drama de la justicia mexicana: no siempre fracasa por maldad; muchas veces fracasa por agotamiento estructural.

El Poder Judicial descubrió a la gente
La elección judicial produjo algo inesperado: obligó al Poder Judicial a salir a la calle.
Macedo lo reconoce casi como una revelación institucional.
Antes, los ciudadanos debían acercarse al tribunal. Ahora el tribunal intenta acercarse a los ciudadanos.
Audiencias públicas. Brigadas. Programas comunitarios. Visitas casa por casa.
El magistrado incluso adelantó que jueces y magistrados recorrerán comunidades para preguntar directamente a las personas si tienen problemas jurídicos.
La escena tiene algo simbólicamente poderoso.
Durante décadas, buena parte de la sociedad veía al Poder Judicial como una estructura distante, fría y prácticamente inaccesible. Ahora intenta construir cercanía en un país donde la confianza institucional se encuentra profundamente erosionada.

El verdadero colapso está en la familia
Uno de los hallazgos más importantes de la entrevista surgió cuando Macedo reveló qué descubrieron durante las audiencias ciudadanas.
La crisis más profunda no estaba necesariamente en lo penal. Estaba en la familia.
Más del 47% de los asuntos judiciales en el Estado de México corresponden a materia familiar, y en algunas jornadas ciudadanas llegaron a representar hasta el 80% de las solicitudes.
Divorcios. Custodias. Pensiones. Violencia intrafamiliar. Conflictos vecinales heredados por fracturas familiares.
La justicia mexicana observando el deterioro emocional y social del país expediente por expediente.
Macedo insiste en que el sistema no puede limitarse a dictar sentencias. Debe diversificar mecanismos: mediación, justicia restaurativa, justicia terapéutica y acompañamiento multidisciplinario.
Porque hay conflictos que jurídicamente pueden cerrarse… pero socialmente siguen abiertos durante años.

“Siempre se hacía así”
Cuando se le preguntó cuál era el peor vicio interno del Poder Judicial, Macedo identificó dos enemigos centrales:
La lentitud.
Y la resistencia al cambio.
Luego pronunció una frase que resume buena parte del problema burocrático mexicano:
“Siempre se hacía así.”
Ahí aparece una verdad incómoda: muchas instituciones públicas mexicanas no están diseñadas para resolver rápido, sino para protegerse lentamente de cualquier riesgo administrativo.
El resultado suele ser devastador para la ciudadanía.
Porque mientras el aparato cuida procedimientos, las personas siguen esperando justicia.
Transparencia: mirar al juez mientras juzga
La conversación también abordó otro tema sensible: el control social sobre el Poder Judicial.
Macedo defendió abrir más información pública, transmitir sesiones y transparentar no solo sentencias, sino también procesos administrativos y uso de recursos.
La lógica es poderosa: la transparencia no es únicamente rendición de cuentas; también es vigilancia democrática.
Porque cuando la sociedad observa cómo se imparte justicia, también limita arbitrariedades.
En un país marcado por casos escandalosos de jueces liberando presuntos agresores o delincuentes mediante criterios cuestionables, la discusión resulta inevitable.
El presidente del Tribunal parece entenderlo.
La justicia ya no puede esconderse detrás del tecnicismo.

Derechos humanos y el enojo social
Uno de los momentos más delicados llegó al final de la entrevista.
Macedo fue cuestionado sobre declaraciones recientes de un alcalde mexiquense que, justificando violencia policial contra un presunto delincuente, minimizó los derechos humanos con lenguaje coloquial y agresivo.
La respuesta del magistrado fue sobria, pero contundente.
Recordó que los derechos humanos existen precisamente para limitar abusos del poder estatal y garantizar dignidad incluso para quienes enfrentan procesos penales.
La reflexión es importante porque revela una tensión profunda de nuestro tiempo:
La sociedad vive tan cansada de violencia e impunidad que muchas veces comienza a considerar aceptable la humillación pública o la violencia institucional contra quienes percibe como culpables.
Y ahí aparece el riesgo más peligroso: que el enojo social termine erosionando los propios límites civilizatorios del Estado.

El juez bajo reflector
Quizá el cambio más profundo de esta reforma judicial no sea técnico ni legal.
Sea cultural.
Macedo lo entiende cuando admite que el Poder Judicial ahora vive bajo reflector político y social.
Ya no basta saber derecho.
Ahora también hay que explicar, comunicar, escuchar y resistir presión pública sin perder autonomía.
La paradoja es fascinante: el Poder Judicial mexicano busca democratizarse… sin perder independencia.
Y esa tensión definirá probablemente los próximos años de la justicia nacional.
El hombre que se irá en 2027
La entrevista también despejó un tema político que llevaba semanas circulando: la posibilidad de que Héctor Macedo intentara ampliar su permanencia al frente del Tribunal.
La respuesta fue directa.
No litigará ninguna ampliación. No buscará extender su presidencia. Su periodo termina en septiembre de 2027.
En tiempos donde buena parte de la política mexicana vive obsesionada con prolongar poder, la claridad institucional resulta, al menos, refrescante.

La verdadera reforma
La conversación dejó una conclusión poderosa.
La reforma judicial no consiste solamente en elegir jueces mediante voto popular.
La verdadera reforma será cultural.
Lograr que jueces pierdan miedo burocrático. Que ciudadanos entiendan el sistema. Que la justicia deje de sentirse lejana. Que los procesos sean más rápidos. Que la transparencia funcione. Que la dignidad no dependa del dinero.
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Macedo parece entender algo esencial:
Los tribunales no solo resuelven conflictos legales. También reflejan el tipo de sociedad que somos capaces de construir.
Y quizá por eso la justicia mexicana todavía sigue atrapada entre dos tiempos:
el viejo mundo burocrático que se resiste a morir… y un nuevo modelo que apenas comienza a despertar.
La entrevista completa puede verse en el canal oficial de AD Noticias:


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