«Las paredes son la imprenta de los pueblos«, Rodolfo Walsh
El futbol despierta pasiones. Por su condición competitiva, las aficiones suelen demostrar su amor por los colores de maneras visibles. Ya sea cantando más fuerte, con más banderas o desplazándose en mayor cantidad. Pero hay una que trasciende los estadios y hace a las ciudades del equipo partícipes: los murales.
En Toluca, las paredes comenzaron a llenarse de pintura. Artistas como Tolbe plasmaron los triunfos, las amistades, los barrios y, por supuesto, los ídolos que han portado los colores rojos. En las calles que rodean al Estadio Nemesio Diez, podemos encontrar algunos de estos murales.




Esta ciudad no es la única. Al sur de Italia, una ciudad porteña también vivió este fenómeno: Nápoles. La llegada de Diego Armando Maradona, el mito plebeyo, le dio una relevancia a la ciudad ante el aplastante dominio de la capital Roma. Algo similar con lo que le pasó al Toluca de José Saturnino Cardozo de finales de los noventa y principio de los dosmiles.
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En la justa proporción, hay similitudes entre estas ciudades. Ambas encontraron en los equipos que llevan su nombre la proyección ante el resto del país. Sus ídolos sudamericanos, José Saturnino Cardozo y Diego Armando Maradona, tuvieron un cariz místico, muy ad hoc con el catolicismo de ambas ciudades. El “Príncipe que vino de Saturno” y el “Barrilete Cósmico” fueron ídolos de la iconografía callejera, esa de a pie.
En Toluca las calles tienen más color y eso es gracias a sus murales.
Si quieres leer un poco más sobre estas figuras del futbol mundial puedes leer los libros: “Cardozo, Príncipe del Gol, mi autobiografía”, del autor Guillermo Garduño Martínez; y “Maradona, un mito plebeyo” textos compilados por Antonio Gómez Villar.



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