El Gobierno del Estado de México (Edomex) anunció una serie de medidas legales para sancionar la apología del delito en ferias y espectáculos públicos, en particular contra agrupaciones musicales que interpreten narcocorridos.
Esta decisión surge tras el escándalo protagonizado por el grupo Los Alegres del Barranco, que durante sus presentaciones en dos conciertos proyectó un video que enaltecía a Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho», líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.

¿Qué implican las sanciones?
De acuerdo con el artículo 211 Bis del Código Penal del Estado de México, realizar apología del delito —ya sea mediante canciones, imágenes o videos— puede ser sancionado con hasta seis meses de prisión o multas económicas de 30 a 60 días de salario mínimo.
La ley se aplicará no solo a los intérpretes, sino también a organizadores, promotores y asistentes si se demuestra su participación en actos que glorifiquen actividades criminales.
Las advertencias se han dirigido especialmente a los municipios de Texcoco, Metepec y Tejupilco, donde están programados eventos masivos en las próximas semanas. En caso de infringir las normas, se abrirán investigaciones formales.

Reacciones: entre el respaldo y la crítica
Uno de los primeros artistas en pronunciarse fue Luis R. Conriquez, conocido por su repertorio de corridos. Antes de su presentación en la Feria del Caballo en Texcoco, expresó en redes sociales:
“Entramos a una nueva etapa, mi gente. Sin corridos ni nada de eso. Se siente feo no cantar lo que la gente quiere, pero nos sumamos a la causa de cero corridos y pa’ delante”.
Pese a la intención, su presentación terminó en disturbios. El cantante confesó desde el escenario sentirse incómodo por no interpretar su repertorio habitual, lo que desencadenó la inconformidad del público. Al finalizar el concierto, volaron objetos al escenario y hubo destrozos en el recinto.
El gobierno mexiquense respondió con un llamado a evitar menciones al narco o actos violentos en canciones, imágenes o videos durante eventos masivos.
La conversación en redes: libertad de expresión vs. responsabilidad social
En redes sociales, la medida ha generado un debate polarizado. Algunos usuarios celebraron la iniciativa como un paso necesario para frenar la normalización de la violencia:
“Una medida muy importante para los chavos de hoy, ojalá y la cumplan en todo el Estado de México y en la República Mexicana”.
Otros, en cambio, consideraron que se trata de una política moralista e ineficaz:
“¿Y si sancionan a los narcotraficantes primero?”, escribió un usuario.
“¿Dónde queda la libertad de expresión? Cada quien escucha lo que quiere”, expresó otro, cuestionando lo que consideraron una visión clasista sobre la cultura musical popular.




El debate también exhibió una brecha cultural: mientras algunos rechazan la estética del corrido moderno, otros señalan que el fenómeno de la narcocultura no se limita a la música, sino que también está presente en series, películas y otras expresiones mediáticas.
Corridos: entre la historia y la polémica
Los corridos nacieron en el siglo XIX, cuando inmigrantes europeos llevaron a México ritmos como la polka y el vals. Estos se mezclaron con tradiciones locales y florecieron especialmente en el norte del país. Durante la Revolución Mexicana, los corridos sirvieron para narrar gestas heroicas en un país con altos índices de analfabetismo.
A lo largo del siglo XX, el género se diversificó junto a otros estilos del llamado “regional mexicano”, aunque con frecuencia fue relegado por la centralización cultural en la capital del país. En los años setenta, surgieron los primeros narcocorridos, y con ellos, la polémica.
Uno de los antecedentes más antiguos es el corrido de «El Pablote», escrito en 1931 por José Rosales, sobre un traficante que operaba en Ciudad Juárez y se enfrentaron a los traficantes chinos de la región.

En los ochenta y noventa, artistas como Chalino Sánchez, Ramón Ayala y Los Tigres del Norte popularizaron los relatos de la vida en la frontera y los conflictos con el narcotráfico, sobre todo entre la comunidad migrante en Estados Unidos, sobre todo en estados fronterizos como Texas.
Corridos tumbados: la nueva era
En la última década, el fenómeno ha evolucionado con el auge de los llamados corridos tumbados, una fusión entre la música regional y el rap o trap urbano.
Artistas como Natanael Cano, Peso Pluma y Dan Sánchez han llevado el género a una nueva generación, con un sonido más accesible para los jóvenes y una narrativa que mezcla excesos, violencia, lujo y desenfado.

La popularidad del género ha crecido de forma exponencial: entre 2019 y 2023, la escucha de corridos en plataformas digitales como Spotify se duplicó. En gran parte, este crecimiento ha sido impulsado por el internet, que ha roto las barreras tradicionales de distribución musical.
Un debate aún abierto
Mientras el Estado de México intenta poner freno a las expresiones que considera una exaltación del crimen organizado, el debate sobre la libertad de expresión, la cultura popular y el papel del arte en contextos de violencia sigue sin resolverse. Lo que está claro es que los corridos, en todas sus formas, reflejan las realidades —crudas, complejas o incómodas— de una parte significativa del país.


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