Atlacomulco produjo gobernadores, un presidente de la República y algunas de las familias más influyentes de la política mexicana. Nicolás Martínez Romero llegó al gobierno municipal después de intentarlo cuatro veces y romper, por segunda ocasión, la hegemonía priista.
Ahora gobierna el lugar que durante décadas fue presentado como centro del poder mexiquense, pero que conserva comunidades rurales, pobreza, caminos deteriorados y una administración que destina cerca de la mitad de sus recursos a la nómina.
“No me eligieron para lloriquear el pasado; me eligieron para resolver problemas”.
En el Conversatorio AD, Martínez escucha primero a los habitantes.
Una mujer denuncia calles oscuras en el centro y acusa a los taxistas de apropiarse del espacio público:
“Como que los taxistas son intocables. A mí me parece que son sumamente abusivos”.
El alcalde reconoce el problema y aporta una cifra inesperada: Atlacomulco tiene entre 3 mil 200 y 3 mil 500 taxis. A ellos se suman las unidades procedentes de municipios vecinos.

“Diariamente pasan más de seis mil o siete mil taxis”.
Martínez promete ordenar los paraderos, sacar unidades del centro y construir un espacio de concentración cerca de la terminal. También admite que no puede fijar todavía una fecha para resolverlo: antes deberá negociar con siete o diez agrupaciones, algunas con suficiente organización para convertirse en un poder político.
Los testimonios llevan la conversación hacia el campo. Productores describen terrenos inundados, pérdidas en las cosechas y tomate vendido a cuatro o cinco pesos por kilo.
“Yo una vez le pedí un apoyo y dijo que sí, pero nunca llegó”, reclama uno de ellos.
El presidente municipal responde que recibió maquinaria del gobierno estatal, mantiene trabajos en caminos sacacosecha y prepara nuevos apoyos. Acepta, sin embargo, que Atlacomulco acumula rezagos que su administración no alcanza a atender al mismo tiempo.
Calcula que quedan más de cuatro mil baches. Afirma que recibió 12 patrullas y ahora dispone de 41. Reconoce que una nómina de más de mil 500 trabajadores absorbe una parte considerable del presupuesto y asegura haber elevado la recaudación propia.
La conversación llega después al poder que hizo famoso al municipio.

“Solamente nos dieron la fama: el Grupo Atlacomulco”.
Martínez reconoce que aquella estructura no desapareció con la derrota del PRI:
“Yo creo que sí existe todavía, pero ya no tan fuerte como antes”.
Sus intereses, dice, se distribuyeron entre PRI, PAN, Movimiento Ciudadano, Verde y otras expresiones. En su propio gobierno trabajan antiguos priistas, aunque sostiene que ninguno milita actualmente en ese partido ni ocupa una posición clave como representante suyo.
También habla del parque construido durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, cuya inversión superó 500 millones de pesos.
“Funciona a medias… no representa la inversión”.
Explica cuánto gana, por qué redujo su salario y qué ha hecho con parte de ese dinero. Frente al tabulador que calcula un costo anual de 1.5 millones de pesos para la plaza presidencial, afirma que recibe alrededor de 60 mil pesos netos mensuales y que utiliza la diferencia para financiar apoyos sociales.
Antes de terminar, despeja otra incógnita: quiere permanecer tres años más.

“Si se dan los tiempos y las condiciones, es un anhelo legítimo, porque quiero seguir sirviendo a mi pueblo”.
¿El Grupo Atlacomulco murió o aprendió a vivir dentro de otros partidos? ¿Quién controla a los miles de taxis que ocupan la cabecera? ¿Qué cambió realmente con Morena? ¿Nicolás Martínez tiene resultados para justificar su reelección?
Una conversación sobre el antiguo poder, la pobreza que sobrevivió a sus gobernadores y el hombre que ahora intenta construir su futuro político sobre las ruinas de esa fama.
Entrevista completa en: https://www.youtube.com/live/-kRPXR1A9WY?si=TBUsQ5IyfQ24PEzn


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