¿Pueden los asuntos sociales gestionarse como algo técnico? ¿Debe procederse así? ¿Cuando, por ejemplo, un grupo de padres de familia se manifiesta porque en el hospital donde se atiende a su hijo no hay medicamentos, el problema se resuelve simplemente con que lleguen las cajas con la medicina? ¿Nadie debiera preguntarse por el sistema de comercialización de la salud que enriquece a unos cuantos y deja sin servicios adecuados de salud a la mayoría?
Desde finales del siglo pasado, cuando se expidió acta de defunción a las ideologías, naturalizándose con ello una sola manera de organizar la sociedad y el gobierno de la misma (un orden liberal-capitalista), se inauguró una era en la que las protestas, movilizaciones y activismo son tratadas como reivindicaciones puntales, evitando con ello su politización.
De hecho esta expresión, “no politizar”, se ha convertido en argumento casi irrebatible cuando se está frente a un caso de injusticia, de inequidad, de abierta arbitrariedad o de abuso. Que un grupo de estudiantes se manifieste contra la inseguridad, que un grupo de mujeres se pronuncien contra los feminicidios o que un grupo de campesinos se movilicen contra la tala de los bosques, son eventos que casi de inmediato son requeridos para “no politizar” sus peticiones.
¿Pero qué significa eso de “politizar” algo? Sencillamente significa darse cuenta que la injusticia que padece un grupo X tiene que ver con el contexto global que determina el cómo funcionan las cosas en el país y el mundo. Por ejemplo, si un grupo de inconformes porque los espacios urbanos no permiten el circular en bicicleta se manifiesta pidiendo garantías para rolar con seguridad por la ciudad y consiguiera que el resto de las personas vieran que el problema planteado por ese grupo tienen que ver también con la escasez de medicamentos, con el desempleo, con la pobreza y demás problemas sociales (por ser todos consecuencias de un sistema que privilegia la ganancia y desprecia lo humano) estaría introduciendo la dimensión política a su movilización.
Pero si desde la autoridad se hace todo lo posible porque nadie vea las causas estructurales de su problema, sino que se enfoquen en su demanda puntual, lo que se consigue es justo lo contrario: despolitizar. Si “les dan” un carril para bicicletas o que les doten de chalecos para hacerse visibles o que se organicen rodadas colectivas para que sea más seguro, habrán conseguido algunas cosas para ellos, a cambio de permitir que todo lo demás siga igual.
Los esfuerzos de despolitizar todo –dice el filósofo esloveno Slavoj Zizek– nos han arrojado a la era de la postpolítica, en la que los esfuerzos de las élites poderosas en el mundo se encaminan a impedir que los distintos grupos con reivindicaciones por problemas sociales vean condensadas en cada uno de sus casos la serie de contradicciones de que está hecho el orden social. Bajo esa lógia se hace indispensable obscurecer para la gente un orden de desventajas compartidas por el grueso de la población (en múltiples manifestaciones críticas) porque ello genera una especie de cortocircuito que pone en tela de juicio el orden global.
Tratar a los inconformes pidiendo, de entrada, no politizar su reclamo tiene el objetivo de que su reivindicación (“la queja”) se quede en eso: en un reclamo puntual. Ello significa, en otras palabras, no cuestionar el estado general de las cosas, sino sólo atenerse a que les resuelvan su queja.
En todo orden social hay contradicciones y en el actual, en el que vivimos, de la democracia liberal capitalista, no es la excepción, al contrario muchas de sus contradicciones se han agudizado en la medida que hay de un tiempo para acá un creciente número de excluídos, un fenómeno amplio de desigualdades, de pauperización de cada vez más personas. Pero vistas por separado, esas problemáticas pueden ser tratadas por áreas especializadas (salud, educación, ecología, etc.) y así conseguir la máxima “divide y gobierna”.
El resultado es, precisamente, que los problemas sociales sean tratados como un tema técnico, de alta especialidad, que no se toca con el resto de los órdenes (económico, político, ecológico) y por ello no debe contaminarse al politizarlo.
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