Nos sentimos inseguros, actuamos en consecuencia

Ya no es una novedad el hecho de que en la zona metropolitana de Toluca se hayan incrementado los índices delictivos. En los últimos años el número de robos, homicidios, secuestros, extorsiones, asaltos a mano armada, robos de auto y otros hechos delictivos han mostrado un comportamiento al alza en esta zona de la entidad. Incluso se han mostrado expresiones de una crueldad y barbarie inusitadas para esta región. Hay varios factores que se amalgaman para arrojar este resultado, pero no vamos a detenernos en ellos si en las consecuencias: la percepción de la gente sobre ese entorno en donde
julio 6, 2016

Ya no es una novedad el hecho de que en la zona metropolitana de Toluca se hayan incrementado los índices delictivos. En los últimos años el número de robos, homicidios, secuestros, extorsiones, asaltos a mano armada, robos de auto y otros hechos delictivos han mostrado un comportamiento al alza en esta zona de la entidad. Incluso se han mostrado expresiones de una crueldad y barbarie inusitadas para esta región. Hay varios factores que se amalgaman para arrojar este resultado, pero no vamos a detenernos en ellos si en las consecuencias: la percepción de la gente sobre ese entorno en donde nos toca vivir.

La institución que mide este tipo de cosas, el INEGI, nos ha confirmado esta misma semana que nos ubicamos en el nada honroso sexto lugar nacional entre las ciudades donde la gente se siente más insegura. Sólo por detrás de zonas tan convulsas como Acapulco, Chilpancingo, Coatzacoalcos, Villahermosa y la Ciudad de México, Toluca es ubicada por el INEGI con 82.2% de las personas con sensación de inseguridad en su vida diaria.

Así es: la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana nos ha revelado que al menos 8 de cada 10 personas mayores de 18 años que viven Toluca considera que esta ciudad es insegura. La percepción es un proceso muy complejo por medio del cual nos formamos una imagen de la realidad, misma que luego utilizamos para relacionarnos con ésta. Es por esa razón que el análisis de lo que revelan estas cifras no debe centrarse sólo en que numéricamente es un hecho que hay más delincuencia en Toluca, sino también en que la gente está percibiendo un entorno inseguro y relacionarnos desde la inseguridad es una forma muy fácil de deshacer el tejido social.

Decía el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty que damos como efectiva a nuestra percepción, lo cual convierte a todo objeto en espejo de todos los demás. Él lo explica así: cuando miro algo, sea porque se me presenta ante los ojos o porque se me solicita observarlo, lo que hago es “fijarlo” o detenerme en él para mirarlo; al hacer eso, el resto de las cosas pasan a ser horizonte o paisaje que rodea a lo que veo. Esto se debe –dice- a que a que los objetos forman un sistema en que uno no puede mostrarse sin ocultar los otros.

De esta manera, la información del duodécimo levantamiento de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), realizada por el INEGI durante el pasado mes de junio de 2016 y dada a conocer esta semana, nos revela dos cosas muy importantes: la primera, que cada vez es más la gente que reporta haber presenciado “conductas delictivas o antisociales” (destacando los robos o asaltos, los disparos y la presencia de bandas violentas o pandillerismo); y, la segunda, un muy alto porcentaje de los encuestados (45.2%) que reveló haber tenido en el último mes algún conflicto o enfrentamiento con familiares, vecinos, compañeros de trabajo/escuela, establecimientos o con autoridades de gobierno.

Si algo se pueden inferir de estas cifras es que estamos viendo más actos delictivos y violentos, lo cual deriva en que centremos la atención en ellos (dejando el resto de las cosas de la vida en calidad de paisaje o entorno) y ello está ubicándose en el centro de nuestra convivencia social, pues si casi la mitad de la población mayor de 18 años tiene cotidianamente enfrentamientos o conflictos con sus semejantes, eso quiere decir que nos estamos relacionando a partir de la percepción de violencia e inseguridad.

¿Y qué vamos a hacer? Está visto que la autoridad de los tres niveles de gobierno no es capaz siquiera de contener la ola delictiva (ya no digamos disminuirla), aunque es su obligación y debe insistirse en que cumpla con su trabajo. Pero a nosotros, en el día a día, nos queda como recurso desenfocar la violencia (no ignorarla) aprovechando que la visión –dice Merleau-Ponty- es un acto que tiene dos caras. De tal suerte que, si uno fija la mirada en un fragmento del paisaje, ese fragmento se anima y se despliega, en tanto que los objetos restantes se van al margen y se adormecen, pero no dejan de estar ahí. ¿Por qué no invertir el enfoque y adormecer un poco la percepción de inseguridad en un esfuerzo por convivir mejor?

Síguenos

PUBLICIDAD

BOLETÍN

Únete a nuestra lista de correo

Como tú, odiamos el spam

Síguenos