-“Mi hija no es de esas calificaciones, ustedes no le revisaron todos sus trabajos, siempre la quieren perjudicar, pero ustedes no entienden”, aseguran quienes escucharon, que así reclamaba la enojada mamá de la alumna de una Secundaria de un poblado del Municipio de Toluca.
-“Señora su hija no cumplió con los trabajos que le dejaron sus maestros, así está en los registros de control”, dijo angustiada la orientadora.
-“No se ha dado cuenta maestra que mi hija lleva el apellido Morales, acaso quiere tener problemas, ella es de nueves y dieces, ¿por qué no entiende de una vez”, replicó la señora.
-“Mire señora, aquí no importan los apellidos, nosotros atendemos a todos por igual, a nadie se le coloca una calificación que no merezca,…”, le dijo a la mamá, quien interrumpió de manera grosera a la profesora.
-“Con usted no arreglo nada, me voy a quejar con el director, ¿cómo puede ser tan inútil?, se ve que no sabe con quién trata, pero ya veremos”, saliendo intempestivamente del salón de orientación, para dirigirse a la dirección de la escuela.
La mamá es recibida por el director, afortunadamente en esos momentos se encontraba en la institución, se cuenta que sus ausencias de la escuela son frecuentes, nadie le dice nada, dicen; la supervisora nombrada recientemente quiso aplicarle la normatividad, no pudo, afirma un padre de familia.
Un integrante de la asociación de padres de familia de la escuela, afirma que el director escolar les ha dicho que el titular de la subdirección regional de Toluca lo tiene protegido, disque es su operador político más valioso en tareas partidistas; por ello cuando él así lo determina, los maestros de la escuela pueden salir cuando quieran, por supuesto únicamente los docentes y orientadores consentidos, con su anuencia claro y en horarios laborales para realizar tareas diferentes a las que tienen encomendada, aseguran otros molestos padres de familia de la comunidad.
Transcurrieron más de cuarenta minutos, la mamá sale de la dirección escolar con una sonrisa inocultable, con toda intensión pasa al salón de orientación.
-“No que no maestrita, no que no se podía, pero ahorita le llama su director…”, sin esperar respuesta se da la media vuelta, dejando a la orientadora con la palabra en la boca.
En efecto, se asegura que antes de la salida del turno matutino, el director llamó a la orientadora a su oficina.
-“Maestra tienen que corregir calificaciones, acaso no se dieron cuenta que la niña es pariente del presidente municipal, ¿Qué les pasa a ustedes?”. Ordenó tajante el director, según narran docentes inconformes de esa institución.
Fue necesario que cambiaran los cuadros de calificaciones, no importó que se modificara toda la documental escolar inherente a este proceso, se hizo trabajar a los maestros involucrados en las supuestas bajas calificaciones, quienes sin aceptarlo, fueron obligados a cambiar los datos asentados con anterioridad, fue el triunfo total de la madre influyente.
En este tipo de hechos la devaluación de la escuela la construye el propio directivo, los deseos por una escuela de calidad difundida desde instancias gubernamentales, queda diluida en su totalidad. Usted amable lector, ¿aceptaría una escuela es estas condiciones?.


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