Los equipos de gobierno, como las salchichas, dejan de inspirar confianza y respeto en la medida en que se sabe cómo se hicieron. Hay que tomarse el tiempo para identificar quién es quién en los nuevos ayuntamientos de Morena –no en todos, pero sí en algunos de los más importantes– para descubrir cómo reciclaron a cuadros residuales de malísimas administraciones anteriores. Caso decepcionante el de Naucalpan, que echa por la borda las promesas de cambio del joven Isaac Montoya. «El camino al poder está pavimentado con hipocresía».
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En política, penosamente, para ascender hay que descender. Parece que la sentencia se confirma al visibilizar cómo los afanes de poder terminan por mimetizar a los políticos, tanto que es casi imposible diferenciar a unos de otros. La plusvalía del cambio democrático es expropiada por las camarillas de siempre que se cambian de camiseta para parecer diferentes, pero son los mismos con todos sus vicios y defectos. Los responsables de tal desilusión no son ellos, sino quienes les abren la puerta por incapaces, inmorales o perversos. Dime con quién andas y te diré quién eres. El que con lobos anda a aullar se enseña.
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Síntoma de decadencia, no de cambio y menos de progreso, que un político rastrero como el priista Elías Rescala, que se alimenta con la carroña del PRI, tenga a su alcance la posibilidad de acomodar a sus subordinados o leales en la burocracia dorada de algunas administraciones municipales, ahora controladas por Morena. Caso patético es el de Nina Carolina Izabal Martínez, directora de Planeación Urbana en el gobierno de Del Mazo, ahora purificada como directora de Desarrollo Urbano en Naucalpan con Isaac Montoya. ¡Pff!
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Algunos notarios del Valle de Toluca tragan saliva, les sudan las manos y tiemblan las piernas por la ejecución mafiosa cometida hace un par de días en Metepec del negociante Cristian Gómez. Quizá se perciban en apuros o en riesgo con la muerte de su cliente de historial turbio. Jorge Valdés Ramírez, Juan Alberto Martínez Amigón y Mario Alfredo Jaramillo Manzur quizá tengan razones para preocuparse.
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Por lo que se ve y escucha desde dentro del gobierno, parece que en Finanzas salieron de Guatemala para entrar en Guatepeor. Las expectativas sobre el desempeño de Óscar Flores eran muy altas y, hasta ahora, ha quedado lejos de cumplirlas. Sus propios compañeros expresan, no sin una buena dosis de sorna y sevicia, que ya hasta extrañan a Paulina. Así de pesado se llevan.


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