Revisitemos un tema que ha sido recurrente en este espacio: el sobrepeso y la obesidad como un problema bio-socio-político. Durante años hemos tocado aquí estos tópicos señalando, por ejemplo, nuestro desbalance de ingesta calórica y sus consecuencias en la salud y la economía. También hemos analizado cómo la transformación de la comensalidad refleja una desigualdad estructural y de que ciertas políticas de Estado y dinámicas mercantiles crearon en nuestra sociedad entornos obesogénicos durante décadas (sobre todo de los 90 hasta el 2020).
Hoy es necesario hablar de una casi “milagrosa” desaceleración de la obesidad y el sobrepeso en la población infantil en México. Resulta que el Word Obesity Atlas 2026 ubica hoy a México en el octavo lugar de países con problemas de sobre peso y obesidad en niños. Recordemos que en el año 2010 ocupamos el primer lugar en esa lista. Sí, estábamos encima de países mucho más poblados, como China, India o los propios EEUU. México reportaba en ese año que 1 de cada 3 niños presentaba ese problema.
No es desconocido para nadie que, a raíz de la apertura de mercados, de la globalización de patrones de consumo y con la amplia libertad que se dio a la industria alimenticia, nuestro país experimentó un aumento explosivo en el consumo de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados desde finales de los 90 y hasta los primeros lustros del presente siglo. En el año 2010, durante el fatal sexenio de Calderón, mientras su gobierno se enfocaba en la “guerra contra el narcotráfico”, la salud se deterioraba dramáticamente desde la primera infancia y éramos colocados como el primer lugar global en problemas de sobrepeso y obesidad infantil por instancias como la OMS y la FAO o la Organización Panamericana de la Salud. Este nada honroso primer sitio se debía a una tendencia que la ENSANUT 2012 confirmaba: entre los niños de 5 a 11 años, 34.5% tenía problemas de sobrepeso y obesidad.
Ante la magnitud que ya mostraba este grave problema, se crearon “comisiones (ya sabes: si quieres que algo no se resuelva, crea una comisión), consejos consultivos, se aprobaron leyes para la prevención y tratamiento del problema, pero las cosas siguieron avanzando en el mismo sentido. Ya para 2016 todos sabíamos que uno de los negocios más rentables en México era vender bebidas embotelladas, galletas, pastelillos o frituras de maíz. Aquí lo publicamos, indicando que reportes financieros de corporativos tan importantes como Bimbo, Femsa, Gruma, Arca Continental y Maseca tenían márgenes de ganancia de por lo menos 20% y con un crecimiento sostenido por años y años. Era el gran negocio que, sin embargo, minaba la salud de la población, porque se contaban por cientos de miles las muertes por enfermedades cardiovasculares o relacionadas con la diabetes mellitus.
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Entonces ¿qué fue lo que se hizo para lograr que nuestro país descendiera en el “top ten” de naciones con problemas de obesidad infantil? Son cuatro acciones que diferentes instancias señalan como factores importantes: etiquetado frontal de advertencia (con los famosos sellos octogonales), que se hizo a partir de 2020; la prohibición de personajes en empaques (adiós al “Tigre Toño” y a “Pancho Pantera”), que se aplicó en 2021; el impuesto a bebidas (IEPS) con azúcar añadido que arrancó en el 2014 con 1 peso por litro y que este año se incrementó a 3 pesos por litro e introdujo el impuesto de 1.5 pesos por litro para las bebidas “light”; y, por último, la prohibición de venta de “productos chatarra” en las escuelas, que empezó en el ciclo escolar 2024-2025.

Según los estudios más recientes, el número de niños con problemas de sobrepeso y obesidad asciende a 13. 2 millones actualmente.
El efecto combinado de estas medidas comienza a reflejarse, pero es conveniente advertir dos cosas: el que hayamos descendido en el ranking internacional también se debe al crecimiento del problema en otros países (como China, India o EEUU) y, según los estudios más recientes, el número de niños con problemas de sobrepeso y obesidad asciende a 13. 2 millones actualmente. Además, hay que añadir que quienes eran niños con problemas de sobrepeso durante todo ese tiempo en que no bajábamos del primero o segundo sitio, hoy son adultos que pueden tener ya problemas de enfermedades cardiacas o diabetes, que son las dos principales causas de muerte en el país.
El paso que experimentaos como país, yendo de la desnutrición a la obesidad, no es únicamente de elecciones individuales sino una imposición de sistemas alimentarios industriales. Por mucho tiempo, la gordura fue signo de opulencia. Hoy, la obesidad infantil es el rostro de la pobreza moderna y síntoma de las múltiples carencias: carencia de tiempo para cocinar, carencia de espacios públicos seguros para el juego (sedentarismo forzado por la inseguridad) y carencia de infraestructura hídrica, entre otras. También hay elementos científicos para sugerir que la desnutrición materna predispone epigenéticamente al niño a la obesidad (programación fetal). Es un círculo donde la pobreza del pasado genera la enfermedad del presente.
En suma, el descenso de México al octavo lugar mundial puede ser una «ilusión estadística» si no consideramos que, aunque el crecimiento se frenó, la base de niños afectados ya es estructuralmente alta.
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