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Ojo: el virus sigue ahí

Se reinician actividades por razones económicas, no porque el virus se haya desaparecido

La re-apertura tiene que venir acompañada de varios elementos que vale la pena subrayar


Finalmente llegó la reapertura de actividades económicas en el Estado de México. De manera paulatina, esta semana distintos giros y sectores de la actividad comercial y de servicios en el territorio mexiquense retomarán sus labores. Abrirán las puertas y cortinas muchos negocios parados por más de 90 días. Se trata, sobre todo, de los negocios regulares, formales y que se encontraron bajo la lupa de las autoridades sanitarias y municipales; otros, como el comercio informal, más bien no se detuvieron nunca.

Muchas pequeñas y micro empresas, dedicadas a múltiples servicios fueron inclusive amonestadas y se pusieron sellos en sus puertas para impedir que abrieran. La re-apertura tiene que venir acompañada de varios elementos que vale la pena subrayar.


Primero: Se reinician actividades por razones económicas, no porque el virus se haya desaparecido o la enfermedad se desvaneció en el aire.

El coronavirus SARS-Cov2 seguirá en el planeta por años y años. Con suerte se producirá pronto la vacuna y/o algún tratamiento efectivo para el Covid-19, pero todos debemos entender que se trata de una medida encaminada a la recuperación económica, no un silbatazo de salida para hacer todo lo que se prohibió durante los últimos tres meses. 

Nadie debe engañarse y pretender que las cosas vuelven a hacer como antes de marzo del presente año. Aunque, como lo señalamos aquí hace unas semanas, tener que seguir protocolos es una debilidad que tenemos como sociedad, porque no se nos da mucho el ser metódicos, rigurosos y respetuosos, la reapertura no podía esperar más. La cultura cívica de regir nuestros actos tomando en cuenta a los demás, demandará de todos nosotros actuar de manera responsable: cubrebocas, sana distancia, aseo permanente, desinfección, evitar aglomeraciones, etc. Si no se actúa así, las autoridades van a dar marcha atrás en la reapertura en cuanto se presente un repunte de casos, por pequeño que éste sea.


Nadie debe engañarse y pretender que las cosas vuelven a hacer como antes de marzo del presente año



Segundo: la autoridad debe evitar a toda costa que algunos servidores públicos pretendan sorprender a comerciantes, empresarios y prestadores de servicios con extorsiones para permitirles operar.

Será indispensable que desde el primer nivel de los gobiernos estatal y municipales también se tomen las medidas necesarias para impedir que supervisores, verificadores, notificadores, inspectores o cualquier tipo de servidor público pida dinero a cambio de permitir la reapertura de los negocios. La decisión de abrir paulatinamente a estas actividades es con fines de recuperación económica en la entidad, no como un favor que se concede por parte de alguna dependencia a quienes se vieron forzados a cerrar por motivo de la pandemia.


A final de cuentas, vamos a reabrir y, si deseamos realmente que las cosas marchen, tenemos que asumir comportamientos cívicos y políticos que sumen, no que empeoren las cosas


Tercero: El manejo de la información seguirá siendo fundamental, pues sólo lo oficial debe regir y no los rumores, noticias falsas o declaraciones malintencionadas que pueden dar al traste con lo logrado a lo largo de tantas semanas de confinamiento.

¿Qué se logró? Sencillamente que no se desbordara nuestro sistema de salud. Tan sólo en territorio mexiquense  los hospitales públicos permanentemente se encuentran saturados de pacientes con enfermedades crónico-degenerativas, según el secretario Gabriel O’Shea. Desde que llegó al frente de la Secretaría de Salud en el actual gobierno, O’Shea dio a conocer que al menos el 60% de las camas en los nosocomios son ocupadas por personas con males cardiovasculares, diabetes y cáncer. Ese sistema de salud tan apremiado nunca colapsó; no vimos que todos los días se llegara al dilema de la última cama, tampoco hubo denuncias generalizadas de que hicieran falta respiradores mecánicos y menos vimos gente muriendo en parques habilitados como hospitales, como algunas visiones apocalípticas lo vaticinaban. El número de decesos ha sido elevado, es cierto, pero no por falta de camas en los hospitales.


Cuarto. El problema ocasionado por el contagio del nuevo coronavirus y la enfermedad que genera no es culpa de nadie en lo particular.

Atender las consecuencias de ello sí es responsabilidad de cada uno de nosotros. Es responsabilidad mia cuidarme y cuidar a los demás. Por su parte, el gobierno es responsable de evitar los contagios masivos y brindar los servicios de salud necesarios para quienes lo requieran. Ni uno ni otros podemos renunciar a dichas responsabilidades. Con el reinicio de actividades económicas nos ponemos en condición de seguir produciendo las condiciones materiales para la vida social, pero ello no puede ocurrir si la vida misma no está presente. En otras palabras: si te enfermas o mueres, no hay negocio que puedas seguir abriendo o compras que puedas realizar. Así de sencillo.


Sé que nuestra cultura política en ocasiones alimenta la idea de que si me cae mal un gobernante, debo celebrar que sus acciones fracasen, sin importar que ello impleque la pérdida de vidas. Hay quien festina que el número de contagios siga creciendo y que las cifras de decesos se abulten cada vez más, sencillamente porque el Alcalde, el Gobernador o el Presidente de la República no son santo de su devoción. Los mexicanos somos muy dados a demeritar a quien está al frente del gobierno, a quien toma decisiones públicas; siempre asumimos que nosotros lo podríamos hacer mejor que él. Se nos da el insulto fácil a la autoridad y, en consecuencia, se desatienden sus indicaciones. Ello genera condiciones muy desfavorables para mantener a raya la pandemia.

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A final de cuentas, vamos a reabrir y, si deseamos realmente que las cosas marchen, tenemos que asumir comportamientos cívicos y políticos que sumen, no que empeoren las cosas. Y es que el virus sigue ahí, las personas con condiciones especiales de vulnerabilidad a él también permanecen y, de no proceder adecuadamente, las cifras de contagios, enfermos y muertos van a seguir al alza. La cuestión seguirá siendo “manejable” mientras el sistema de salud no colapse, pero no se trata de eso. Es verdad, parece que muchos se mostrarían conformes con que se reactive la economía, muera quien muera, pero las cosas no tienen por qué ser así, pues el otro soy yo, bajo distintas condiciones.